Pactos de Gobierno
Un plan para todos los españoles, no sólo para los palmeros de Sánchez
Por Marta Martín Llaguno
Hay que aprovechar esta oportunidad para acometer cambios los estructurales que necesitamos y que llevamos proponiendo desde Ciudadanos hace años

A nadie se le escapa el poder de las imágenes en la sociedad de la información. La tecnología ha potenciado el lenguaje visual frente al oral: nos hemos transformado en "animales videntes". Meses de confinamiento, sin contacto personal, exacerban este fenómeno. Hoy, una imagen no sólo vale más que mil palabras: es la herramienta para "crear realidad". Lo que percibimos a través de una pantalla adquiere inmediatamente valor "absoluto". Entre otros muchos cambios, la Covid ha disparado el poder de "semiosis" (la capacidad de portar sentido) de un vídeo o una foto.

Los asesores de comunicación del gobierno lo tienen claro. La semana pasada difundieron (o dejaron difundir) varias estampas relacionadas con la política exterior en su "nueva normalidad". De una parte, una performance de "ministros palmeros" ufanos por el papel de Sánchez en Europa. De otra, una "cumbre gibraltareña" con una Ministra de Exteriores haciendo gala de la laxitud territorial del "gobierno de la plurinacionalidad" (y tirando por tierra esfuerzos diplomáticos de años). Ambas merecen una reflexión, pero en esta columna sólo me voy a detener en la primera.

Lo que intentan vender como una gran victoria puede ser, en realidad, un paseíllo de malos augurios para el Gobierno si no se actúe con responsabilidad

Sánchez regresó a Madrid "exhausto", después las negociaciones en Bruselas (como bien repitió cansinamente en el Congreso). En Moncloa, un ejército de ministros esperaba al guerrero para rendirle un homenaje que ¡oh, casualidad! el Ejecutivo difundió en un vídeo con vocación exclusivamente propagandística.

Cuando lo vi, además de una ola de vergüenza ajena, me vino a la cabeza lo de "dime de lo que presumes y te diré de lo que careces". Lo que intentan vender como una gran victoria puede ser, en realidad, un paseíllo de malos augurios para el Gobierno si no se actúe con responsabilidad.

El acuerdo del Consejo Europeo es en verdad histórico. Por primera vez, Europa va a emitir mucha deuda para afrontar retos europeos de forma conjunta. Que se haya mantenido el global del instrumento de recuperación (Next Generation EU), y que suba la partida de transferencias del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia resultan buenas noticias.

Pero no lo es, en primer lugar, el calendario. La parte principal de los fondos se tiene que ejecutar en un breve periodo y hay poco tiempo para presentar y realizar proyectos. España tiene un grave problema de absorción de las ayudas: al cierre de 2019, éramos el segundo país de la UE que menos habíamos ejecutado los fondos estructurales asignados para 2014-2020. El 31% de los proyectos estaba sin comprometer y un 67% de la financiación sin gastar de forma efectiva. Me malicio que si este Ejecutivo centra su "eficiencia y pericia" en convocar (o no), mesas de la vergüenza y menesteres semejantes, esto nos va a volver a pasar. Por el contrario, si mira más al centro reformista y menos al populismo y al nacionalismo, tendrá la oportunidad de abundar en esa agenda innovadora y modernizadora.

Europa no es un cajero automático: si nos prestan, van a pedirnos reformas que ya deberíamos haber hecho, por ejemplo, en el ámbito educativo o laboral

En segundo lugar, en la vigilancia del cumplimiento de la condicionalidad, los líderes políticos hayan optado por seguir una lógica intergubernamental. El texto del que Sánchez presume incluye, en primer lugar, mecanismos para bloquear desembolsos si algún Estado Miembro se opone. ¿Qué quiere decir esto? Pues no sólo que las ayudas van a estar sometidas a condicionalidad (como es lógico), sino que esta condicionalidad no es mancomunada, es decir, los cambios pueden ser exigidos por alguno de los estados y en tanto no se dirima en el Consejo Europeo la cuestión, los desembolsos se paralizarán.

Europa no es un cajero automático: si nos prestan, van a pedirnos reformas que ya deberíamos haber hecho (por ejemplo, en el ámbito educativo o laboral). Estas reformas no casan con propuestas populistas y sectarias, o con concesiones a nacionalistas, que son las que Sánchez ha aceptado para conseguir su investidura y mantenerse en la Moncloa.

Pese al "paseillo palmero", las exigencias que firmó Sánchez lo son ya al programa electoral del gobierno PSOE y Unidas Podemos. Las prioridades del Semestre Europeo ya recomendaban hace meses mayor control del gasto, más inversión en innovación y transición energética, asegurar la unidad del mercado, o mejorar la educación y el empleo. Es decir: el programa de gobierno del Ejecutivo de coalición es un obús contra las recomendaciones europeas.

España es uno de los países que más dinero puede recibir de Europa. Hay que aprovechar esta oportunidad para acometer cambios los estructurales que necesitamos y que llevamos proponiendo desde Ciudadanos hace años. Sobran imágenes triunfantes y falta poner a este país a trabajar en un Plan de Recuperación sensato, de centro, que no deje a nadie atrás, y que podamos aplaudir todos los españoles, no sólo ministros palmeros. 

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