Opinión
¿Quién puede reconstruir España?
Por Juan Torres
Todo lo que necesitamos sólo lo pueden aportar las personas que, desgraciadamente porque están en ello, no se sientan en las bancadas del parlamento

Como es sabido, se acaba de constituir la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica de España del Congreso de los Diputados que tiene como finalidad encontrar soluciones a los problemas que está provocando la pandemia que vivimos. Una decisión, la de circunscribir la comisión a la órbita parlamentaria que, a mi juicio, es un error y una oportunidad perdida.

Creo que es ampliamente aceptado que nos encontramos en una situación de máxima gravedad, con incertidumbre extrema y que no admite ni respuestas convencionales ni simplistas porque los problemas que tenemos por delante son muy diferentes de los que habitualmente habíamos tenido que resolver.

Nuestra economía, como todas las del mundo, está sufriendo ya un shock hasta ahora nunca visto en los tiempos recientes. Incluso en el supuesto de que el encierro termine pronto y definitivamente, sus consecuencias van a ser muy duras, pues ya han desaparecido miles de empresas y otras no podrán reanudar la actividad en las condiciones en las que estaban antes. 

La nueva economía de "distancias largas" va a suponer un cambio de patrones productivos y de consumo a los que muchos negocios no van a poder ajustarse sin perder gran cantidad de empleo. La deuda de las empresas aumentará, disminuyendo su solvencia, es posible que el comportamiento de los consumidores no vuelva a ser como el de antes y que ello obligue a modificar las estrategias de mercado, no sabemos si predominará el miedo o si aumentará el consumo, ni en qué dirección se producirán los cambios de preferencias o gustos. Como tampoco podemos anticipar qué puede ocurrir con el comportamiento de los individuos que han sufrido un periodo de encierro tan largo, ni sus consecuencias sobre las relaciones y los usos sociales en su conjunto. 

Estamos al inicio de una etapa histórica de gran riesgo y en la que hay que tomar decisiones decisivas para nuestro futuro y las próximas generaciones

La deuda pública se va a disparar a niveles elevadísimos y eso se va a producir cuando nada augura que este tipo de shocks u otros parecidos dejen de producirse en el futuro, lo que nos puede dejar con las manos materialmente atadas y sin ninguna capacidad de maniobra.

En fin, sin ánimo de exponer un panorama apocalíptico, es evidente y yo creo que no hay quien lo ponga en duda, que estamos al inicio de una etapa histórica de gran riesgo y en la que hay que tomar decisiones que serán decisivas para nuestro futuro y el de las generaciones que vengan detrás.

Los malo que tienen este tipo de crisis es el daño que producen, su impacto económico, social, personal y colectivo, en todas las dimensiones de la vida, el sufrimiento y la destrucción que traen consigo. Ahora bien, no debemos concentrarnos sólo en esos efectos fatales, hemos de ser conscientes de que, al mismo tiempo, las crisis también proporcionan los recursos para hacerles frente. 

 Las grandes conquistas, los avances más gloriosos de la humanidad siempre siguieron a estos momentos de gran turbación 

Es en los momentos de dificultad cuando surge en mayor medida el talento y la determinación, cuando la fuerza de nuestra inteligencia e imaginación brotan con mucha más energía, cuando nuestra capacidad para provocar cambios e innovar, para poner en marcha proyectos nuevos, se agiganta. Las grandes conquistas, los avances más gloriosos de la humanidad siempre siguieron a estos momentos de gran turbación, a las calamidades o desgracias.

La idea de movilizar ideas y generar una estrategia nacional para reconstruir lo que se pueda venir abajo en esta crisis provocada por la pandemia es perfecta y la están poniendo en marcha algunos gobiernos. De hecho, basta leer lo que se viene publicando en todo tipo de foros para comprobar que son muchísimas las personas y colectivos, de todas la ideologías, profesiones o condiciones, las que están ofreciendo todo tipo de propuestas, en sus respectivos ámbitos de conocimiento o experiencias vitales.

Comprendo que el gobierno se concentre ahora con total prioridad en dar las mejores respuestas para poder frenar cuanto antes la difusión del virus y paliar sus efectos económicos inmediatos de la mejor manera posible. Es comprensible que cualquier otra tarea quede en segundo plano, pero me parece que el planteamiento que ha hecho de la estrategia de reconstrucción es un error importante.

Con todo el respeto que merecen Sus Señorías, yo creo que el diseño de una estrategia de esa naturaleza no es algo que esté a su alcance ni que sea su función. Podrían ponerla legislativamente en marcha, llegado el momento, pero lo que necesitamos ahora es movilizar la sabiduría, la inteligencia y el saber hacer de quienes día a día están levantando a España, creando nuevas empresas, trabajando con creatividad y compromiso, imaginando lo nuevo y, en fin, batallando sobe el terreno para resolver de mil maneras los problemas que le brotan sin cesar.

Empresarios innnovadores que crean riqueza y empleo, científicos de vanguardia, jóvenes que han demostrado su pericia. Es a ese tipo de personas a quien se debería haber convocado si de verdad se quiere diseñar una estrategia social exitosa

En España tenemos docenas de empresarios innovadores que están creando riqueza y empleo, aquí y fuera de nuestras fronteras, científicos de vanguardia que contribuyen a generar los avances más grandes y recientes del conocimiento humano; jóvenes que ya han demostrado una pericia y capacidad que nunca tuvimos las generaciones anteriores; personas que saben gestionar recursos a la perfección y liderar equipos con éxito y millones de trabajadoras y trabajadores que realizan con extraordinario acierto su tareas diarias, por muy modestas que sean. Y yo creo que es a este tipo de personas a quien se debería haber convocado y movilizado para que aporten ideas y propuestas, si de verdad se quiere diseñar una estrategia social exitosa a la hora de dar respuesta a una crisis tan dura y novedosa como la que estamos viviendo.

A mí me parece que es materialmente imposible que algo así surja del rifirrafe político al que nos tienen acostumbrados nuestros líderes y representantes. Seguro que todos ellos podrían, si de verdad se lo proponen, llegar a acuerdos de compromiso para poner en marcha finalmente las normas que reflejen nuestros intereses contradictorios. Pero lo que ahora se necesita es otra cosa, es diálogo abierto y sin prejuicios de parte, creatividad, osadía, imaginación, experiencia en la resolución de problemas complejos, el conocimiento de la realidad socioeconómica que sólo da el haberla pateado infinidad de veces y su estudio continuado...

 Lo que ahora se necesita es otra cosa, es diálogo abierto y sin prejuicios de parte, creatividad, osadía, imaginación, experiencia en la resolución de problemas complejos... 

Todo eso que necesitamos es lo que sólo pueden aportar las personas que, desgraciadamente porque están en ello, no se sientan en las bancadas del parlamento.

Sin perjuicio de otras tareas de control y producción legislativa que pueda llevar a cabo nuestro Congreso de los Diputados, yo creo que el Gobierno debería haber hecho una convocatoria a todo ese tipo de personas. Podría haber creado una gran comisión nacional, como se ha hecho en diferentes ocasiones para otros eventos, que a su vez movilizara a otras más y así conseguir que no sólo se termine disponiendo de un simple documento de conclusiones, más o menos realizables, sino con una oleada de compromiso proactivo y de voluntad generalizada de cambio inteligente en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

La deliberación ciudadana, el desarrollo en común de lo que es común a todos, la complicidad, el debate plural, la práctica del diálogo y el respeto mutuo son imprescindibles para que cualquier estrategia de cambio pase del papel a la realidad y nada de eso se puede lograr si no apuesta en firme para fomentarlo y promover su práctica. Los gobiernos no sólo deben tomar decisiones. Si quieren que sean efectivas deben llamar también a la participación ciudadana y hacer que brote la inteligencia colectiva.

Todavía estamos a tiempo. 

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