Opinión
Que ningún especulador gane un euro con el Covid 19
Por Manel López Torrents
Mientras arrecia una pandemia global, de nuevo los 'hedge funds' lanzan una tormenta bajista contra los mercados. Las autoridades no han hecho nada para frenar esta destrucción. Tal vez por eso, JP Morgan es la empresa que más dinero gana del mundo. Pensábamos que las cosas habían cambiado tras Lehman Brothers.

Increíble. Con todo el mundo sufriendo por primera vez un proceso de angustia global sin parangón, sin saber qué mundo se va a encontrar dos meses después, resulta que están otra vez los celebérrimos ‘hedge funds' tomando posiciones cortas. Multiplicando el pánico y destruyendo todo a su paso a costa de sus ganancias. De nada han servido, por lo visto, los episodios del pasado. Ni las películas edificantes, casi todas ellas muy buenas y con gran carga de moraleja. Margin Call, La gran apuesta, Inside Job; incluso Wall Street II. Han sido puro folclore. Moralina y poco más. 

Pensábamos que ya habíamos reflexionado y nos habíamos instalado en un mundo tal vez más ético, más moral, más inclusivo, más ESG, más friendly... más sostenible; palabra mágica. Donde la economía real fuera la que mandara, y no ese ‘matrix' especulativo de productos híbridos e inversores opacos. Kerviel, Madoff, Lehman Brothers... todo eso ha sido una pesadilla que no iba a volver ya. Sin duda, habíamos aprendido de los errores.

Pensábamos que habíamos reflexionado y nos habíamos instalado en un mundo más ético, más moral, lejos del 'matrix' especulativo de inversores opacos

Ni en broma. Desde Boston, Londres, Frankfurt... otra vez la banca de inversión tirándose a la yugular de las cotizaciones en cuanto ha olido sangre. Sembrando el pánico con una deflagración total, con el miedo al coronavirus como mascarón de proa. Si, de paso, el cártel petrolero añade leña al fuego, mucho mejor, claro. Miedo y desinformación constituyen el terreno ideal para los buitres.

Todo vale si se gana mucho y rápido, que en este mundo de tipos de interés al cero y márgenes bajos de las empresas, las rentabilidades han dejado de ser lo que eran. Y los bonus. Si las consecuencias de estas ganancias millonarias van a ser PIB´s a la baja, ahorros de particulares desbaratados, balanzas comerciales que se destrozan o, sobre todo, puestos de trabajo por el desagüe, es por culpa de la productividad, del estado del bienestar... Y tocará asumir el futuro con otra palabra mágica: recortes.

¿Quiénes son, sino, los que alimentan al populismo?

Debería ser la propia derecha la que combatiera este modelo, porque acaba yendo contra ella.

Precios ridículos

Ahora mismo, los especuladores están yendo contra grandes valores del Ibex y también de Europa. Tomemos España: Telefónica o BBVA valen ya apenas 20.000 millones de euros. Cifras que bordean lo ridículo. Telefónica, que llegó a valer 31 euros, cerró ayer en 3,80.

Salvo milagro, la salida de sus presidentes está cantada. Da igual que puedan esgrimir que ha sido por culpa de la pandemia, las muertes del Covid 19... Están fuera. Sí o sí. El nuevo equipo que llegue deberá presentar un plan estratégico "que seduzca a los mercados" y que pasará, inevitablemente, por ajustes de inversión y, sobre todo, despidos. Aligerar carga. Fuera lastre. Las personas estorban, especialmente en los mercados financieros. Cuanto más acojonadas están, más se les puede apretar, además. 

En esta ocasión se trata de un virus que está provocando muertes, ¿de verdad hay inversores que quieren ganar dinero con esto?

Pero esta vez ha sido distinto. Esta vez no se trata de ciudadanos ambiciosos que compraron voluntariamente la casa que no podían pagar o suscribieron productos financieros no adecuados.

En esta ocasión se trata de un virus, que está provocando muertes y una cuarentena global. Su alcance real todavía está por ver, aunque parece que en Asia lo peor ya ha pasado. Hijos, padres, conocidos, personas mayores, hospitales colapsados, supermercados vacíos... ¿De verdad hay inversores que quieren ganar dinero con esto?

Ya se sabe cómo es la operativa de estos especuladores. Siempre ganan. Si han tomado posiciones en un valor, dejan caer que están en cinco. Informes demoledores, rumores de todo tipo... que el miedo se multiplique y todo el mundo venda, no vaya a ser que ese ‘hedge fund' tenga posiciones en el mismo valor que yo y me arrastre con él. Un modo de extenderse similar al de un virus, cuanto más exponencial, más ganancia. 

¿Y las autoridades?

Mientras todo eso pasa, ni un gesto de las autoridades de los mercados para frenar la operativa (la Bolsa española ha operado con total normalidad estos días, salvo algunas compañías pequeñas que han precisado subasta de liquidez), y en la CNMV ni la menor mención contra las posiciones cortas hasta consumado el desastre. Una vez que ha sido palmariamente obvio que los bajistas han estado a sus anchas y tras la peor sesión de la historia, entonces sí, el supervisor prohibió por un día las posiciones cortas, aunque ya veremos qué se saca de todo esto a estas alturas. Y conviene no olvidar que en 2018 se recortó la información sobre esta operativa. 

Tampoco en EE UU o Europa se ha dicho una sola palabra sobre impedir a especuladores que se hagan ricos con este desastre.

Luego, veremos a grandes gurús de estos ‘hedge funds' convertirse en filántropos de la economía, a través de sus fundaciones. Pontificando, sermoneándonos... qué pereza.

Se trata en casi todos los casos de destructores de riqueza, que no han creado nada. Es increíble que en 2020, la empresa que más dinero gana del mundo sea JP Morgan. Es un mundo de asco, sinceramente. Luego, nos enfadaremos o asustaremos cuando suban Podemos, Vox, o el que esté en su momento. Porque el mundo civilizado sigue sin civilizarse. Y la gente normal, la que sólo quiere ganarse la vida y estar con su familia, siente que su destino está en manos de unos cuantos en cinco o seis capitales del mundo. 

Personalmente, me quedo con Roig o con Amancio. Millonarios que hacen ‘cosas'. Pablo Iglesias yerra el tiro con ellos, como en casi todo. Los malos son los del ‘matrix' financiero. No se habían ido. 


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