Comisión de reconstrucción
El plan de reconstrucción no puede ser un plan de marginación ni de autoexclusión
Por Marta Martín Llaguno
Es una irresponsabilidad volcar reformas ideológicas extraídas de un programa electoral en los pactos de reconstrucción, que no son espacio para "colocar" banderas. PSOE y Podemos no deberían hacerlo porque así volarán cualquier posible consenso.

En las últimas semanas en el Congreso de los Diputados ha funcionado a un ritmo frenético para ultimar los trabajos parlamentarios dedicados a dar una respuesta a la crisis económica provocada por la COVID-19. El pasado jueves dimos un paso decisivo para finalizar las propuestas de la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica. Esta Comisión, constituida a principios de mayo, se dividió desde el principio en cuatro grupos de trabajo a propuesta de Ciudadanos, que habíamos identificado grandes áreas que requerían consensos para salir de esta crisis: Reactivación económica; Políticas Sociales y Sistema de Cuidados; Sanidad y Salud Pública; y Unión Europea.

A mi juicio, erróneamente, se decidió que en cada uno de ellos aprobáramos tomar como base el documento registrado por las formaciones que obtuviera la mayoría. No hace falta ser un lince para entender que, con estas reglas, se premia la aritmética parlamentaria y el partidismo en detrimento del consenso. Hubiera sido preferible empezar desde el principio elaborando un texto de consenso, pero algunas fuerzas no quisieron. En cualquier caso, el siguiente paso es registrar las enmiendas, que serán discutidas y votadas en cada uno de esos grupos este miércoles 1 de julio.

Me parece esencial trasladar a la ciudadanía la importancia de las conclusiones de estos trabajos y lo que nos jugamos.

El próximo 17 de julio se celebrará la primera cumbre presencial del Consejo Europeo desde la irrupción del coronavirus. En esta cumbre se va a debatir el compromiso sobre el plan de recuperación de 750.000 millones propuesto por la Comisión Europea y el nuevo presupuesto de la UE para el período 2021-2027. Hay motivos para el optimismo: todo hace prever que, finalmente, con más o menos cantidad, saldrá un paquete de recuperación "anexado" al marco financiero plurianual para sacar a Europa de la crisis.

Para poder aprovechar la oportunidad que nos brinda la UE necesitamos ser un país creíble, dar seguridad jurídica a los inversores y presentar un plan de recuperación

Pero Europa no es un cajero automático, no podemos pretender que este esfuerzo tan grande que vamos a realizar todos los europeos no vaya dirigido a fortalecer nuestra economía y nuestra sociedad. Esta financiación no es una carta blanca al Gobierno. Para poder aprovechar esta oportunidad que nos brinda la UE, necesitamos ser un país creíble, dar seguridad jurídica a los inversores y presentar un plan de recuperación enmarcado en los Programas Nacionales de Reformas que ya enviamos cada año a la Comisión Europea, y cuyos borradores en este caso deberían estar en octubre.

Aunque estos programas se remiten anualmente en abril en el marco del Semestre Europeo, este año la Comisión ha modificado sus recomendaciones para que estos documentos reorienten su contenido con el fin de incorporar medidas para afrontar los retos socioeconómicos derivados de la crisis provocada por la pandemia. Es decir, para que España le pueda decir al resto de la Unión Europea cuáles serán sus prioridades de recuperación y cómo tiene previsto utilizar esos fondos para hacerlas realidad. Por eso esta vez son especialmente importantes.

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Dos cuestiones esenciales que no debemos dejar pasar. La primera: ante una presunta condicionalidad suavizada para el acceso a las ayudas y préstamos europeos, tenemos que adelantarnos. España tiene que tener agenda propia. La actitud, como nación, tiene que ser proactiva y no reactiva. Es la hora de que España demuestre que puede marcar la agenda europea con propuestas concretas e innovadoras para convertirse en una economía competitiva.

España tiene que adelantarse, tener agenda propia y ser proactiva y no reactiva; países como Italia o Francia ya trabajan en medidas mientras el Gobierno no ha querido negociar con el resto de fuerzas y CCAA

La segunda: no podemos perder el tiempo. Países como Italia o Francia ya se han puesto las pilas, han comenzado a trabajar en las medidas que necesitan sus economías y han circulado propuestas concretas incluso a través de la prensa. Aquí el Gobierno aún no ha establecido cuáles van a ser los canales para realizar esas propuestas y no se ha querido negociar con el resto de fuerzas parlamentarias y con las Comunidades Autónomas.

Según declaró el Secretario de Estado de la UE en su comparecencia en el Congreso hace unas semanas, el Gobierno está esperando las conclusiones de la Comisión de Reconstrucción para elaborar y remitir los documentos. Sin embargo, los hechos, hasta ahora, están demostrando que el Gobierno no está interesado en una propuesta de país que cuente con el consenso de una mayoría reforzada en las Cortes Generales.

Lo cierto es que, pese a lo que diga el Gobierno y sus campañas, no salimos más fuertes de la crisis. Hemos perdido a más de 30.000 compatriotas y los organismos internacionales presentan para España el peor escenario posible de todas las economías europeas junto con Italia. ¿Qué necesitamos para recuperarnos? ¿Qué cosas van a lograr que este país sea más competitivo y más equitativo? ¿Qué tenemos que hacer ahora para que las futuras generaciones puedan tener un contexto de seguridad y de bienestar igual o mejor que el que tenemos?

Los pactos de la reconstrucción no pueden ser los pactos de la marginación y es una irresponsabilidad volcar en estos documentos reformas ideológicas que pertenecen a otros contextos

Para poder llegar a acuerdos hay una premisa indispensable. Los pactos de la reconstrucción no pueden ser los pactos de la marginación. Es una irresponsabilidad volcar en estos documentos reformas ideológicas que han de discutirse en otros contextos: en el debate exclusivamente nacional y luego, si los españoles quieren, en las urnas. Algunas de las propuestas concretas que aparecen en los textos de los partidos del Gobierno, como por ejemplo, las referidas a la educación, parecen extraídas de sus programas electorales: son esencialmente ideológicas y, si hay voluntad sincera de acordar un proyecto, deberían retirarlas.

Por otra parte: no es baladí que tres millones y medio de españoles no vayan a estar representados ni siquiera en el debate porque un fuerza política se ha "borrado de la ecuación" bajo la excusa de que "se está haciendo un lavado de imagen de la gestión de la crisis". A estos españoles algunos tendrán que dar cuenta de esta autoexclusión.

Estamos en un momento histórico para poner a España a la vanguardia de la Unión Europea, donde es necesario pensar en grande y poner por delante el interés general frente al interés partidista o electoral al que parecen haberse acostumbrado algunos. Al margen de ideologías y de diferencias políticas, ahora nos jugamos mucho. Hay que poner las luces largas con generosidad y responsabilidad. Ambas exigencias deben hacerse en primer lugar a las fuerzas que, nos guste o no, hoy están en el Gobierno.

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La responsabilidad de alcanzar estos consensos y de demostrar un verdadero ejercicio de patriotismo es, por tanto, compartida entre todas las fuerzas parlamentarias. Sin embargo, también es cierto que esa responsabilidad recae de forma particular en el PSOE y en Podemos, que ostentan ahora el ejecutivo. De su actitud depende. Si hay un éxito, será de todos los que hayan demostrado generosidad y altura de miras en este momento. Si hay un fracaso, será exclusivamente de aquéllos que prefieren su interés particular al interés de todos los ciudadanos.

No entendemos la comisión de reconstrucción como un espacio para colocar banderas que nada tienen que ver con estos trabajos. PSOE y Podemos no deberían hacerlo porque así volarán cualquier posible consenso

En definitiva, todos los españoles debemos tener claro qué es lo que nos jugamos en esta recuperación. Ni se trata de dar carta blanca a la gestión del Gobierno ni se trata tampoco de utilizar estos trabajos como un ejercicio electoralista. Ciudadanos no va desperdiciar esta oportunidad, y vamos a seguir tendiendo la mano para trabajar junto al resto de fuerzas parlamentarias, como ya hemos hecho en el Parlamento Europeo. Por ello, no entendemos esta Comisión para la Reconstrucción Social y Económica como un espacio "colocar" banderas que nada tienen que ver con el objeto de estos trabajos para contentar al electorado. El PSOE y Podemos no deberían hacerlo porque así volarán cualquier posible consenso. Espero que rectifiquen.

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