Opinión
2021: año para palinodias y rectificaciones
Por Marta Martín Llaguno
Una palinodia es una retractación pública. Parece que el término proviene de un texto del siglo VII aC, de Estesícoro, un escritor de la época

En un poema inicial, el autor puso verde a Helena de Esparta: la hizo responsable de la Guerra de Troya, por haber puesto los cuernos a Melenao con Paris, su amante.

Cuenta la leyenda que cuando Helena, ya divinizada, se enteró de la historia, se mosqueó bastante y cegó al poeta. Estesícoro, no sé si asustado o arrepentido, escribió una ‘segunda versión' del cuento: la palinodia. Así, la verdadera Helena (poco menos que una santa), en realidad, no había estado en Troya, sino en Egipto. No había sido ella, sino ¡un espectro suyo! quien la había liado parda. Creíble o no, la cuestión es que Estesícoro recuperó la vista y que, a partir de entonces, la palinodia se asentó como género.

Distintos autores en el medievo escribieron odas en las que se retractaban públicamente de puntos de vista u opiniones expresados con anterioridad. El giro coincidía con la madurez: les llegaba la cordura y cuestionaban abiertamente sus posturas erróneas haciendo planteamientos más sensatos... y se ponían en marcha con propósito de enmienda.

Llevamos diez días de un recién estrenado año que apunta maneras... En el ámbito nacional, y después de la campaña de Navidad no planificada, la transmisión de la COVID-19 está por las nubes. Mientras, el Gobierno insiste en permanecer en su nueva normalidad: la de "es mejor que no hagamos nada y ya si eso, que se desgasten las comunidades autónomas".

Comenzamos enero como finalizamos diciembre: sin plan de vacunación efectivo, sin normas coordinadas y sensatas y con un ‘sálvese quién pueda y como pueda' según la Comunidad. Como novedad, no tenemos a Simón diciendo que está todo controlado: tenemos a un ministro de Sanidad dando mítines como candidato a la Generalitat.

Al desastre de la pandemia se ha sumado ‘Filomena'. Queramos o no, el temporal nos ha confinado. Pero lo ha hecho generando un caos y, sobre todo, disparando un 102% el precio del recibo de la luz. Esta vez, Garzón no ha puesto un tuit de crítica al incremento del 10% de la factura (como hacía en 2017), ni Iglesias ha hablado de la ‘codicia' de las eléctricas. Tampoco Sánchez ha alertado del riesgo de la pobreza energética. En esta ocasión, que requería que actuaran con celeridad, el ministro de Consumo, el vicepresidente y el presidente del Gobierno han estado callados... y quietos. Vaya, sin hacer nada. Ni siquiera retractarse de sus mensajes anteriores.

En el ámbito internacional, el año también ha entrado fuerte. En todas nuestras retinas, las imágenes del asalto al Capitolio en Washington y las palabras de Trump en un mitin político apenas unas horas antes: "Vamos a caminar por la Avenida Pennsylvania, vamos a ir hacia el Capitolio y vamos a intentar darle a los republicanos la clase de orgullo y audacia que necesitan para recuperar nuestro país". Parecido a aquello del 1 de octubre de 2018 de Quim Torra ("A vosaltres, amics dels CDRs, que apreteu i feu bé d'apretar"), pero en inglés.

Lluvia de tuits de crítica (y con razón) a quienes han protagonizado tal barbaridad y, sobre todo, a un presidente que lleva meses incitando a la polarización y a la vulneración de la democracia. ¿La mayor contradicción? Que muchos de los mensajes más indignados se han escrito desde cuentas de quienes lanzaban arengas para rodear el Congreso o el Parlamento andaluz con comportamientos violentos. Por supuesto, ni un atisbo de rectificación.

Como le pasó a Estesícoro, el tiempo enseña que, a veces, nos equivocamos: en nuestras percepciones, en nuestras decisiones, en nuestros juicios y en nuestros conceptos.

Las pocas semanas de enero ya han dado una lección: 2021 puede ser un tiempo de recantios y palidonias. Vaya, de rectificaciones. Ojalá lo sea, para que nos vaya a ir mejor. 

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