Economía
El otoño de la incertidumbre
Por Francisco de la Torre
Factores de desestabilización como el Brexit, la guerra EEUU-China o la gestión de Trump afectarán de lleno al próximo Gobierno, el del PSOE o el que salga de las urnas.

La llegada de septiembre suele aclarar las cosas en el mundo político y económico, tras el paréntesis vacacional veraniego. Pero este año, ni agosto ha sido un mes sin noticias, ni podemos esperar que todo se arregle en septiembre. Este mes de agosto, por ejemplo, se ha confirmado el "cierre" o "suspensión" del Parlamento de la democracia más antigua, precisamente cuando se enfrenta la decisión más complicada de su historia: cómo hacer efectivo el Brexit. ¿Se aclararán las cosas en las próximas semanas? No lo sabemos, y si se aclarasen rápidamente es que Gran Bretaña se va a un Brexit sin acuerdo el 31 de octubre. El coste para Gran Bretaña podría llegar a un 10% del PIB, según el Banco de Inglaterra, más de lo que perdió España entre 2009 y 2013 en su peor recesión. El efecto en España sería muy inferior, pero obviamente saldríamos perdiendo en muchos sectores, empezando por el turismo.

En realidad, no es el único factor de desestabilización. Por ejemplo, las tensiones entre Estados Unidos e Irán podrían llevar en cualquier momento a problemas en el suministro de crudo. A través del estrecho de Ormuz pasa buena parte de la producción petrolífera de Oriente Medio. Recordemos que la economía española sigue siendo una de las más dependientes del petróleo de entre los países desarrollados.

Pero las tensiones en Oriente Medio podrían remitir y todavía no han tenido efectos sustanciales en el precio del barril de petróleo. Sin embargo, lo que ya ha tenido un efecto importante en la economía europea y mundial, ha sido la "guerra arancelaria" que se ha desatado entre Estados Unidos y China. De hecho, la guerra se ha ido trasladando al terreno de las monedas, es decir China, Estados Unidos y Europa están reduciendo tipos de interés e intentado devaluar las monedas, con la finalidad, al menos en teoría, de mejorar los saldos de las balanzas comerciales. Ahora bien, esto es un juego de suma cero y una carrera hacia ninguna parte: una moneda se devalúa frente a otra, y todas las monedas de referencia no se pueden devaluar a la vez. Por otra parte, un arancel es un impuesto que paga el consumidor de un producto que se importa. Si es una empresa, incrementa sus costes de producción, y si es un consumidor se reduce su capacidad de compra. Una guerra de este tipo sólo lleva, a medio plazo, a la reducción del crecimiento económico global, disminuyendo la eficiencia en todas las economías.

Pese a esto, no es probable que estas tensiones comerciales disminuyan, fundamentalmente por razones políticas. Trump consiguió salir elegido aunque perdió las elecciones en voto popular, gracias a los votos en el Colegio Electoral. Aquí los 50 Estados, en función de su población, eligen 538 compromisarios ligados por voto imperativo. La mayor parte de los Estados votan siempre republicano o demócrata. Esto hace que los denominados "Estados veletas" o "Swing States" tengan los votos decisivos. Bien, en 2016 Trump ganó gracias a que los Estados de Michigan, Pensilvania, Wisconsin y Ohio, donde en 2012 ganó Obama, votaron demócrata. La clave para ganar fueron las promesas proteccionistas de Trump para mantener las fábricas de lugares como Detroit que se estaban trasladando fuera de Estados Unidos. Los votos de estos Estados volverán a ser decisivos el año que viene, y en consecuencia, no parece que Trump vaya a cambiar su política proteccionista.

Éste es el panorama que afrontará el próximo gobierno, bien el del PSOE, con el apoyo de Podemos y nacionalistas, o bien el que los españoles elijan en una repetición de elecciones el 10 de noviembre, escenario mucho más probable. Que no haya más opciones se debe a la negativa de algunos políticos precisamente a hacer política

Tampoco es probable que Trump deje de presionar a la Reserva Federal para que reduzca los tipos de interés. Esto permitirá devaluar el dólar y proteger la producción interior en Estados Unidos, al mismo tiempo que intentará llegar con el máximo posible de empleo y crecimiento a noviembre de 2020. Esto por supuesto, supondrán mayores desequilibrios para la economía mundial, y también para los propios Estados Unidos, que en algún momento se tendrán que ajustar, pero es probable que los intereses internos y a corto plazo se impongan sobre otras consideraciones.

Todo esto ocurre mientras la economía española se está desacelerando, y creando cada vez menos empleo. Además tenemos las cuentas de 2018 prorrogadas, el gobierno en funciones, y podríamos irnos a elecciones en noviembre. Todas las crisis económicas en España han comenzado por el sector exterior. De hecho, la recuperación de la gravísima crisis económica que hemos padecido no comenzó hasta el último trimestre de 2013, coincidiendo con la recuperación del superávit en la balanza por cuenta corriente. En una traducción de la jerga económica, este saldo indica que vendemos más en bienes y servicios que lo que compramos al resto del mundo.

Más bien que vendíamos, porque en este primer semestre de 2019 ya estamos en negativo y hemos vuelto al déficit por cuenta corriente de 1.641millones de euros, frente al pequeño superávit de 1.204 millones en el mismo periodo del año anterior. Nuestra competitividad internacional se está deteriorando, y eso aunque la coyuntura exterior no fuese tan complicada como es, siempre acaba significando ajustes y menos crecimiento. Lo más problemático para cualquier gobierno es que la desaceleración significa siempre menos ingresos fiscales, y por tanto, la necesidad de unos presupuestos más austeros.

Éste es el panorama al que se enfrentará el próximo gobierno, bien el del Partido Socialista, con el apoyo, de una forma u otra de Podemos, y también el de los nacionalistas, o bien el que los españoles elijan en una repetición de elecciones el próximo 10 de noviembre, escenario mucho más probable. Que no haya más opciones se debe a la negativa de algunos políticos precisamente a hacer política. En cualquier caso, muy probablemente hablaremos mucho más de economía, de Europa y de temas internacionales en los próximos meses de lo que hemos hecho en las dos campañas electorales que hemos tenido.