EEUU
Ocasio contra BlackRock
Por Milton Merlo
La congresista quiere evitar que Larry Fink sea secretario del Tesoro si Biden gana en noviembre

 Ciertos movimientos de esta semana en Washington hablan de un clima de transición acelerada, aunque todavía queden dos semanas de campaña presidencial. La distancia que le lleva Joe Biden a Donald Trump, que va de los 8 a los 12 puntos según la encuesta que se observe, está agitando a los demócratas que comienzan a visualizar su regreso a la Casa Blanca.

El pasado miércoles Alexandria Ocasio-Cortés, una de las estrellas de los demócratas en la Cámara de Representantes, emitió una carta en la cual le pide a Biden que en su eventual gabinete no haya espacio alguno para ejecutivos de empresas ni para cabilderos. El documento lleva la firma de un grupo de congresistas liderados por Ocasio y tiene el aval de 40 organizaciones sociales ligadas a demócratas prominentes como el senador Bernie Sanders o el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo.

Aunque la carta es bastante abierta respecto a su intencionalidad, la realidad es que Ocasio y quienes la acompañan no quieren que el titular de BlackRock, Larry Fink, asuma en el Departamento del Tesoro. Esa es la pelea de fondo.

Fink controla el principal operador de activos financieros del mundo y ha tenido fuertes nexos con el equipo económico de Trump. Según deslizan cerca de la congresista de origen portorriqueño, en el Capitolio circula fuerte el dato de una serie de reuniones reservadas entre Fink y Jared Bernstein, que se perfila para ser el titular del consejo de asesores económicos en una eventual presidencial de Biden. Curiosa combinación: un titán de Wall Street con un economista que en el gobierno de Barack Obama tenía a cargo un plan para expender la clase media.

Para los demócratas más radicales, como Ocasio, Fink vendría ser todo lo que está mal en Estados Unidos: el triunfo de la especulación financiera, la baja regulación bancaria, la eliminación de impuestos y el impedimento de políticas agresivas de transferencia de ingresos desde los sectores más concentrados.

Fink no es el único nombre de Wall Street que suena para el gabinete pero sin duda despierta más rechazo que Tom Nides, numero dos de Morgan Stanley o Roger Altman, dueño de Evercore y que es un hombre cercano a los Obama.

La carta de Ocasio expone la brecha que existe entre la fórmula demócratas y las bases de ese partido. Ni Biden ni Kamala Harris tienen demasiado que ver con el fervor que despierta la congresista neoyorkina.

No es la única trama precipitada al calor de las encuestas. Desde el pasado lunes una emisaria del opositor venezolano Juan Guaidó busca con desesperación a Susan Rice, que está anotada para el Departamento de Estado. Guaidó teme que los demócratas se muestren más flexibles respecto al régimen de Nicolás Maduro.

Hay otro resquemor más inconfesable: a Guaidó no le convence Pete Buttigieg como posible embajador en la ONU. Habría ciertos nexos entre el ex aspirante a la presidencia con Citgo, subsidiaria de PDVSA en EU y controlada ya casi en su totalidad por Rusia, que a la oposición venezolana no le dan confianza.

Rice, que fue consejera de Seguridad de Obama, ha sido crítica del chavismo pero está muy alejada de cualquier salida militar a la crisis que vive el país sudamericano. También podría ser jefa de gabinete si finalmente la secretaría de Estado es para el senador Chris Coons.

El tercer movimiento de anticipación tendrá lugar esta semana cuando algunos agregados militares que despachan en Washington tengan un encuentro con Michele Flournoy, que es mencionada para ser secretaria de la Defensa y que trabajó en el Pentágono en los gobiernos de Obama.

Flournoy es partidaria de una fuerte integración entre Silicon Valley y el complejo militar y en sus apariciones públicas ha identificado en Rusia y China como los principales desafíos de la política militar de EU en el exterior. 

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