Opinión
Cinco cartas radioactivas
Por Juan Torres
El autor expresa su admiraci√≥n hacia la minera Berkeley, la empresa capaz durante m√°s de diez a√Īos de mantener una ficci√≥n en torno al uranio de Salamanca

Por una vez me voy a ajustar a la actualidad m√°s rabiosa. El d√≠a 12 de abril, ayer mismo como quien dice, la Comisi√≥n de Transici√≥n Ecol√≥gica y Reto Demogr√°fico del Congreso de los Diputados recibi√≥ al presidente del Consejo de Seguridad Nuclear, que compareci√≥, excepcionalmente, para un asunto monogr√°fico: quejarse de haber recibido en un plazo de tres a√Īos la desbordada cantidad de cinco cartas en las que los remitentes se quejaban por el retraso del informe que este organismo tiene que emitir en torno a la explotaci√≥n minera de uranio que la empresa Berkeley dice que quiere llevar a cabo en la provincia de Salamanca.

Como si de Espa√Īa misma se tratara, los portavoces de los grupos presentes en la Comisi√≥n se dividieron en dos bloques. Los de la izquierda pusieron el grito en el cosmos por la presi√≥n intolerable a la que se somet√≠a al organismo y por el da√Īo ecol√≥gico brutal que supone para la comarca la extracci√≥n del uranio de la mina de Retortillo. Los de la derecha pusieron el grito en Las Batuecas para lamentar la p√©rdida de riqueza para Espa√Īa y de empleo para la comarca por el intolerable maltrato al que se estaba sometiendo a esta honest√≠sima empresa que lo √ļnico que quiere es hacer el bien y que todos nos beneficiemos de ello.

En el asunto de las cinco cartas que motivaban la comparecencia tambi√©n los bloques se retrataron: la izquierda -Izquierda Plural, Unidas Podemos y PSOE- habl√≥ de sospechosas maniobras, y de sus bocas salieron las palabras malditas: lobbies, grupos de presi√≥n, y tal y tal. La derecha mostr√≥ su extra√Īeza ante el hecho de que se considere presi√≥n, por ejemplo, una carta de la comunidad aut√≥noma en cuyo territorio est√° la mina y dos m√°s de la empresa preguntando aquello de c√≥mo-va-lo-m√≠o. Y hablando de presiones, dec√≠an tanto Vox como PP (Ciudadanos no estaba ni en un bloque ni en otro: simplemente no estaba), habr√≠a que preguntar acerca de las ejercidas por los colectivos ecologistas y las oeneg√©s que llevan a√Īos oponi√©ndose al proyecto. El compareciente, a todo esto, jugaba a neutral -"√≥rgano independiente" y estas cosas que se dicen- aunque ense√Īaba la patita cuando, por ejemplo, se permit√≠a tutear al diputado de Unidas Podemos -el activista medioambiental L√≥pez de Uralde- porque lo de "su se√Īor√≠a" se le atascaba.

Sensatas, lo que se dice sensatas, se dijeron pocas cosas. Una de las pocas la dijo la diputada In√©s Saban√©s -Izquierda Plural, es su grupo- cuando se√Īal√≥ que todo este l√≠o de las cinco cartas se habr√≠a resuelto si estuviera bien regulado el asunto de los lobbies, sobre la base de criterios de transparencia y juego limpio. Muy sensato el comentario, coincidente de lleno con lo que los lobistas de bien (APRI y tantos otros) llevamos reclamando desde hace diez a√Īos. Considerando que la se√Īora Saban√©s pertenece a la mayor√≠a gubernamental, le sugiero que ella misma se autopresione para sacar adelante la ley que prometieron y en la que, se dice, est√°n trabajando.

El truco de la mina que no existe

Los parlamentarios, tanto los de un bando como los de otro, con este rifirrafe de las cinco cartas, le hicieron el juego a Berkeley al eludir la pregunta clave: Por qu√© esta empresa minera australiana se instal√≥ en Espa√Īa hace m√°s de diez a√Īos y lleva desde entonces proclamando a los cinco vientos que quiere reabrir la mina de uranio de Retortillo en Salamanca pese a los infinitos obst√°culos que, al parecer, unos y otros le van poniendo en el camino.

Verán. La historia es muy larga y no quiero aburrirles con ella. Así que les daré una repuesta telegráfica y luego, si me queda sitio, me explayo un poco en la explicación, de manera que el que quiera pueda dejar el artículo a medias conociendo ya el final.

Repito, pues, la pregunta: ¬ŅPor qu√© Berkeley no consigue explotar el uranio de Salamanca? La respuesta: Porque no hay uranio. O para ser exactos, porque el uranio que hay, por calidad y condiciones del mercado, no puede ser extra√≠do.

Siguiente pregunta: Si no hay uranio, ¬Ņpor qu√© Berkeley sigue empe√Īada en el proyecto, en el que se ha gastado, dicen, casi cien millones, y est√° dando empleo a sesenta personas? La respuesta: porque Berkeley no vive del uranio, sino de la especulaci√≥n burs√°til.

(Quien tenga prisa, puede dejar de leer aquí: el resto del artículo es un desarrollo, en todo caso muy sintético, de lo anterior).

A veces, los socialistas prefieren lo privado a lo p√ļblico

El uranio en Salamanca se empez√≥ a explotar a comienzos del siglo veinte, y en los √ļltimos decenios corri√≥ a cargo, como parece l√≥gico, del Estado, a trav√©s de la Empresa Nacional del Uranio (Enusa). Los directivos y profesionales de Enusa -gente muy seria, cr√©anme- llegaron en los primeros a√Īos de este siglo a la conclusi√≥n de que aquello no daba m√°s de s√≠ y acopiaron recursos y procedimientos para acometer la tit√°nica tarea de restaurar la zona, de limpiar las aguas, de reverdecer el entorno que hab√≠a sido deteriorado tras un siglo de explotaci√≥n minera radioactiva. Pero cuando Enusa estaba en estas, lleg√≥ una empresa australiana a la que nadie conoc√≠a, Berkeley -primero con socios franceses que le aportaban pedigr√≠, despu√©s con socios coreanos que soltaban la tela: los socios se le iban con la misma velocidad con que llegaban- y convenci√≥ al Ministerio de Industria y Energ√≠a de que Enusa estaba equivocada, de que en Retortillo a√ļn hab√≠a uranio y de que, si se lo permitieran, ellos iban a crear riqueza y empleo en la comarca como no se hab√≠a vito desde los tiempos de Roma.

Hay que dar nombres, perd√≥nenme si parezco falt√≥n: el ministro que quit√≥ la competencia a la empresa p√ļblica para d√°rsela a Berkeley se llamaba, y se llama, Miguel Sebasti√°n, a la saz√≥n titular de la cartera en el segundo gobierno de Rodr√≠guez Zapatero. Por all√≠ andaba tambi√©n el que hab√≠a sido ministro de Trabajo del primer gobierno del leon√©s y al que Zapatero hab√≠a enviado al rinc√≥n de pensar en la Fundaci√≥n Ideas. Me refiero a Jes√ļs Caldera, a la saz√≥n y por mucho tiempo diputado socialista por la circunscripci√≥n de Salamanca, y muy interesado por tanto en el progreso de su provincia.

Sebasti√°n y Caldera, pues. Cuando escuch√©, en la sesi√≥n parlamentaria que nos ocupa, al portavoz socialista Germ√°n Renau atacar a Berkeley y defender las soluciones ecologistas para la comarca, me alegr√© porque me parece muy sano el ejercicio intelectual de cambiar de opini√≥n: quiz√°, tal vez, un toque expreso de autocr√≠tica a veces no vendr√≠a mal. Y al se√Īor Renau se le olvid√≥.

La estrategia de la dilación

Berkeley recibi√≥ desde el primer momento el apoyo de todas las instituciones: de los ayuntamientos de la zona, de la Junta de Castilla y Le√≥n, de la Administraci√≥n central. L√°stima que sus t√©cnicos necesitaban tiempo para entender aquel proyecto engorroso y confuso. Solo hablaron en contra -Enusa, amordazada por su propio gobierno, no lo pudo hacer- las organizaciones ecologistas. Pero incluso estas erraban el tiro porque, con su oposici√≥n al proyecto, lo impulsaban. Si Berkeley hubiera recibido de inmediato todos los permisos para reabrir la mina y explotarla se le hubieran visto las verg√ľenzas: es justo lo que no quer√≠a. Por eso, como en la sesi√≥n parlamentaria reflej√≥ perfectamente el presidente de CSN, la documentaci√≥n que la minera exhibe es siempre "deficiente e incompleta". No por incompetencia -cuenta con cuantos expertos necesite a golpe de tal√≥n- sino por t√°ctica.

Berkeley lleva m√°s de diez a√Īos haciendo una prodigiosa estrategia de comunicaci√≥n financiera: peri√≥dicamente anuncia grandes avances en su proyecto -un papel recibido de una oscura oficina administrativa, una prospecci√≥n que apunta, dicen, en la direcci√≥n correcta, el fichaje de un sonado directivo- y con ello consigue que el valor de la acci√≥n se dispare en las tres bolsas en las que cotiza -Australia, Londres y Madrid-. De vez en cuando -acaba de hacerlo hace unos d√≠as- amenaza con acciones legales para obtener sustanciosas indemnizaciones por los supuestos perjuicios de los retrasos acumulados, y siguen, entretanto, presentando los papeles tarde y mal para que la rueda no se pare.

A los amigos de Berkeley ya se les va viendo las costuras. En la sesi√≥n parlamentaria, el diputado L√≥pez de Uralde -de lejos, el m√°s enterado de esta historia y el que hab√≠a convocado la sesi√≥n- ya esboz√≥ su sospecha de la estrategia especulativa de la minera australiana. Pero si esto es as√≠, ¬Ņpor qu√© siguen todos- L√≥pez de Uralde incluido- haci√©ndole el juego a la empresa? D√©jense, queridos ecologistas, de insistir en el da√Īo ambiental que Berkeley va a hacer en la comarca. Berkeley no va a sacar de Retortillo ni un gramo de uranio, no solo porque no lo hay, sino porque no es a eso a lo que juega.

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