Opinión
Los exabruptos del vicepresidente del Gobierno en tiempos de pandemia
Por Marta Martín Llaguno
La semana pasada, tras más de dos meses confinados en un estado de alarma, los españoles presenciábamos, atónitos, unos espectáculos bochornosos en el Congreso de los Diputados.

 Empezamos asistiendo a un intercambio vergonzante de descalificaciones entre el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, y la portavoz del segundo grupo parlamentario de la cámara. Un día después, continuábamos escuchando a Iglesias, utilizando su alto cargo de responsabilidad en el Gobierno -nada menos que como compareciente en la Comisión de la Reconstrucción-, animando al portavoz de Vox a "cerrar la puerta al salir" cuando este se levantaba tras haberle usted acusado de preparar un "golpe de estado". Semanas antes le escuchamos también hablar de "inmundicia" y haciendo alusiones a épocas pretéritas.

Creo, como diputada nacional y como ciudadana que, a estas alturas, no está de más recordar varias cuestiones.

A los diputados, en general, que el Congreso es la casa de la democracia y que, quienes allí trabajamos, lo hacemos representando a unos ciudadanos que nos han elegido para que les resolvamos problemas, no para que les creemos más. Nos pagan para trabajar con la cabeza, no con las vísceras, como recordaba mi compañero Edmundo Bal hace dos semanas. Si no somos capaces de hacerlo, cuando tenemos miles de fallecidos encima de la mesa, me temo que no somos los llamados para esta dedicación.

Al señor Iglesias, urge ponerle blanco sobre negro, varias cuestiones que parece que no ha entendido.

Señor Vicepresidente, usted forma parte de un Gobierno al que, en la crisis sanitaria (y económica) más grande de la democracia, toda la oposición dio al unísono un voto de confianza para que pudiera resolver con solvencia una situación dramática. El apoyo al mando único (que obtuvieron por unanimidad y que con sus actitudes han ido desgastando) nunca fue (ni será) para que asuman poderes absolutos. Ni para que recorten libertades esenciales más allá de las necesarias para la gestión de una emergencia sanitaria. Ni para que parasiten vergonzosamente las instituciones como lo están haciendo colocando a enchufados y dedazos. Ni para que desprecien a los españoles que no piensen como ustedes. El apoyo al mando único fue (y será) para que puedan gestionar mejor la salida de una crisis que va a dejar en el camino a casi 30.000 compatriotas y que va a sumir a España en la mayor crisis económica desde la democracia.

Más allá de la patética actuación de esta semana por parte del señor Iglesias, ustedes han dado muestras de no estar a la altura. No sólo no solventan bien la crisis del COVID-19, sino que día tras día siguen creando un nuevo problema. No sólo no tratan de unir para reconstruir, sino que día a día se jactan de volar la más mínima interlocución con otras fuerzas políticas.

Señor Iglesias: me temo que no ha entendido en absoluto el sentido de la política. Y lo que es más grave aún: no ha entendido en absoluto el sentido que la política ha de tener en tiempos de pandemia. Mire usted, las democracias (y las autocracias, que tanto nos preocupan en España hoy) no sólo se relacionan con normativas: están íntimamente vinculadas con la concepción de la política y con la ética de los procesos.

Cuando se entiende que la política consiste en que unos gobiernan, asumiendo el poder, para los demás, sin reglas intermediarias, entonces bajo esa concepción todo vale. El juego consiste en "controlar": la afiliación, los medios, los votos. Esta concepción se plasma en su "cierre la puerta al salir" del otro día, despreciando cauces parlamentarios como las instituciones.

Afortunadamente, hay otra acepción de la política en la que ésta se concibe como una rama de la moral. Esta dimensión se ocupa de una actividad en virtud de la cual "una sociedad libre, compuesta por hombres y mujeres libres, resuelven problemas de convivencia". Tres cuestiones claves, ética, libertad y el servicio público. Con esta concepción se pasa de ver "quién manda más" a debatir con argumentos "quién puede hacerlo mejor". Esta concepción se plasma en "sentémonos todos para ver cómo lo podemos solucionar".

Creo que sin duda el futuro de la política debe pasar por la segunda acepción y que los españoles, a raíz de lo que estamos viviendo con esta pandemia no sólo de salud pública sino de salud democrática, debemos ser intolerantes con la primera. Nos ha costado mucho llegar hasta aquí y tenemos que exigir a los políticos algunos valores: capacidad, honestidad, disposición a la escucha y espíritu de servicio. Y a usted, en concreto, respeto y educación.

Las crisis deben convertirse en oportunidad. Votar frentismo y no eficiencia trae consecuencias nefastas, como estamos viendo. Espero que, con el tiempo, y mucho esfuerzo, la lección que nos ha enseñado COVID-19 pueda mejorar nuestra salud democrática. Para eso, quienes ahora mismo ostentan el poder, como usted, también, tienen que creerlo y que quererlo.

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