Opinión
Lo personal es político: y, en el caso de Montero (e Iglesias), más
Por Marta Martín Llaguno
Hace unos días, Podemos solicitaba al juez no investigar el "caso niñera" porque era una "cuestión de índole personal". Nada más lejos de la realidad.

La presunta utilización de un alto cargo de libre designación como niñera personal (o, más grave aún, la presunta nominación de una niñera personal como cargo de libre designación) por parte de una ministra de Igualdad y, en diferido, de su pareja, que es ministro de Asuntos Sociales, convierte lo personal en doblemente político.

En primer lugar porque las medidas públicas que abarcan ambas carteras implican, en estos momentos, no sólo pericia y eficiencia sino un plus de ejemplaridad. Si fuera verdad, el "caso niñera'' indica no sólo amoralidad (y veremos si una posible ilegalidad) de Montero e Iglesias, sino también profundo desconocimiento de la realidad de sus materias.

En segundo lugar, porque, el "caso niñera" comporta una gran carga simbólica en materia de estereotipos de clase y de género sobre la que hay que reflexionar.

Por tanto, y al margen del procedimiento en marcha, la opinión pública merece saber si es cierto o no, y no sólo se debe sino que se tiene que investigar.

Vayamos a los hechos: según denuncian los medios, la pareja de ministros (en concreto ella) habría usado a una asesora (con nivel de retribución 30) para cuidar de la hija de ambos y poder así "conciliar".

Ciertamente, hacer compatible la carrera profesional con la crianza de los niños supone un serio problema no sólo para Montero/Iglesias sino para muchos españoles que, sin embargo, en el contexto actual, podemos considerarnos privilegiados.

Y me explico. Para tener un conflicto laboral y familiar, hay que tener a) trabajo y b) familia, lujos que la agenda de este gobierno antiprogreso no facilita a muchos ciudadanos.

Antes de la COVID, España ya se enfrentaba al reto de generar empleo estable. Acceder a él, por cierto, resulta especialmente difícil para jóvenes y mujeres. Nuestro mercado laboral (con el mayor porcentaje de paro juvenil de Europa) necesita reformas estructurales profundas, sensatas y sinceras. Unas reformas diametralmente opuestas a las que Podemos, de la mano de Bildu, quiere imponer a este Gobierno, en una pandemia de propaganda y demagogia que ha contagiado al mismísimo Presidente (que le pregunten a Escrivá).

Pero para "conciliar" hace falta también familia, vaya, hijos. Nuestros índices de natalidad son también de los más bajos en Europa y van en descenso. Y es que en España una generación de jóvenes y no tan jóvenes- estoy pensando en compañeras de la universidad- simplemente no pueden permitirse el lujo de tener un solo niño, aunque tengan trabajo. Y ni hablar de dos o más.

Montero e Iglesias tienen tres vástagos. A la luz de los vídeos de sus cumpleaños que cuelgan en Facebook y Twitter, también una gran red social de "tatas". Sabemos asimismo que cobran dos excelentes sueldos. Tal vez por eso, el montante de la cuantía por hijo a cargo, que el Gobierno se niega a aumentar, no les afecta en demasía. Pero esta medida se ha demostrado esencial para incentivar nacimientos y para combatir la pobreza infantil: entiendo que son temas que deberían preocupar al vicepresidente Iglesias, ministro de Asuntos Sociales.

Cuando hay trabajo y hay familia es cierto que hacerlos compatibles resulta una heroicidad. Mucho más en esta pandemia.

Y es que, a la falta de un marco jurídico que dé estabilidad y flexibilidad, se suman ahora las circunstancias excepcionales que ha traído la COVID y que el Gobierno sigue sin solucionar.

Los padres con hijos en edad escolar no lo tenemos fácil para acompañar a los menores confinados (no afectados) por un brote escolar. En estas circunstancias, muchas familias monoparentales (la mayoría mujeres) se están viendo expulsadas del mercado laboral y abocadas a la pobreza. Y es que, como debería conocer Iglesias, los españoles seguimos esperando a que se planteen alternativas que, desde los servicios sociales, nos ayuden con estos problemas. Igual, después de su experiencia, el vicepresidente puede plantear el servicio de "niñera laboral", pero para todos, por aquello de eliminar diferencias de "clase".

En definitiva, si el caso "niñera" fuera cierto, demostraría una falta de empatía, de pericia y un discutible manejo de fondos públicos que claro que afecta a la dimensión pública de estos dos miembros del ejecutivo.

Pero más allá de ello, quiero detenerme también en la carga simbólica relevante que comporta en materia de estereotipos de género.

La igualdad no es posible sin corresponsabilidad. Los niños tienen progenitores a los que hay que reconocer los mismos derechos y obligaciones, con independencia de su sexo.

Sirva como mínimo para reflexionar, que en este caso ha trascendido en los medios que vuelve a ser ella (Irene) quien asume el rol de cuidador. Según cuenta La Razón, Montero, como buena "madre", ha llegado a adaptar en la sede del Ministerio (en Alcalá, 37) una "sala de juegos para sus hijos" en el despacho de su secretaria (a la que ha trasladado a la otra punta de la planta). Pero según este medio, no es la única podemita que asume este rol porque otras Secretarias Generales del Ministerio también tienen la costumbre de llevarse a sus bebés al trabajo.

No estaría de más que la Ministra de igualdad (y algunas de sus amigas) releyeran a Kate Miller. Lo digo porque el feminismo radical planteó una gran verdad. Las relaciones de desigualdad de muchas estructuras sociales se aprenden en la intimidad. Y las diferencias de género en lo "personal" constituyen el germen de inequidades que se permiten en lo "público" casi sin darnos cuenta. Una ministra de Igualdad (y los cargos que la acompañan) deberían tener como objetivo eliminar, y no reproducir estas diferencias.

Ya saben. Como solían decir en Podemos, lo personal es político. Y aquí, lo político también es personal. 

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