Opinión
El libro más sostenible del mundo
Por Juan Torres
Más de mil páginas y medio centenar de profesionales para la nueva referencia bibliográfica en materia de sostenibilidad

No sé cuándo oí por primera vez la palabra sostenibilidad, pero sí sé que me hice plenamente consciente de su significado y de su importancia a partir de la Cumbre del Clima celebrada en Río de Janeiro en 1992 porque mis obligaciones profesionales de entonces me obligaron a estar atento a sus contenidos y a sus conclusiones. Era en su origen un concepto prioritariamente medioambiental ligado a las primeras alarmas en torno al calentamiento global y al cambio climático. Vino luego el Protocolo de Kioto y otro montón de iniciativas de las que ya no me acuerdo, hasta que, en el último decenio del siglo, saltó a la palestra una nueva locución que triunfó de inmediato en el mundo de la empresa: la responsabilidad social corporativa. La RSC tuvo un éxito fulgurante porque sirvió a las grandes corporaciones para dotarse de una pátina de bondad hacia el prójimo que venía a compensar la imagen, perfectamente ganada a pulso, de voracidad y egoísmo que transmiten, por definición, los protagonistas financieros del capitalismo contemporáneo.

El Protocolo de Kioto y sus consecuencias normativas por parte de los Estados obligó a las energéticas, a las telecos, a los bancos, a las automovilísticas o a los grandes distribuidores de productos de consumo a convivir con las nuevas obligaciones en cuanto agentes contaminantes y productores de gases de efecto invernadero. Los exigentes objetivos en materia de reciclados, vertidos, consumos y gestión de recursos energéticos marcaron nuevas pautas de gestión, que para algunos supuso una pesada carga, pero sirvió también para abrir nuevos horizontes industriales e inversores.

La RSC, en cambio, tuvo, en mi opinión, un recorrido más balbuceante. Su base teórica es relativamente fácil: una empresa se relaciona con diferentes grupos de interés, es decir, con grandes colectivos, perfectamente intercambiables, cuyos intereses son diferentes a los de la empresa, pero en su relación con ella, unos y otra pueden obtener beneficios. Clientes, proveedores, empleados o vecinos son grupos de interés: cuanto mejor les vaya a ellos mejor le irá a la empresa con la que se relacione.

Como consultor, soy testigo de cuánto les costó a las empresas españolas entender y asumir este concepto, que la mayoría de ellas confundía con la tradicional acción social.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, la ONU sirvió para algo. El Pacto Mundial de las Naciones Unidas, formulado por esta organización supranacional bajo la secretaría de Koffi Annan, marcó un antes y un después en las políticas de RSC y sirvió, sobre todo, para unificar dos caminos que en realidad eran el mismo: el compromiso medioambiental no podía avanzar al margen del compromiso social y económico de las empresas. Si aspiramos a construir un futuro más vivible y más justo en un planeta bien conservado, gobiernos, empresas e individuos tenemos que marcarnos objetivos definidos, claros, interrelacionados y complejos.

Ser sostenible es apostar por el futuro, pero a esa palabra -a ese concepto- hay que ponerle contenido.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030 son una oportunidad... con riesgos

Tengo para mí que el gran momento de la sostenibilidad se produjo en 2015, cuando los estados miembros de las Naciones Unidas suscribieron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), un programa que marca diecisiete metas a alcanzar en 2030. Quien esto suscribe, tan dado a descreer de la acción de los gobiernos, piensa que, en esta cuestión de la sostenibilidad, la regulación y el control de las instituciones sobre las grandes corporaciones ha sido eficaz y positiva. Hoy se pasma uno al escuchar a presidentes del IBEX y a ceos de multinacionales no solo aceptando obligaciones legales que hace pocos años les parecerían intolerables, sino además convirtiéndose en firmes impulsores de caminos inexplorados en materia de conservación medioambiental o de inclusión social. Con sus riesgos naturalmente: la burbuja especulativa que se está armando en materia de energías renovables es una consecuencia de los excesos y la permisividad surgida al amparo de lo sostenible; y la aparición de perfectos tiburones financieros impulsando iniciativas filantrópicas de dudosa moralidad veremos a dónde conduce. Pero dónde no hay riesgos.

Esto que me he despachado en un folio y medio es una historia de sumo interés que se ha desarrollado en apenas los veinte años que llevamos de este siglo (los veinte años prepandemia, porque lo que ocurra después está por escribir). Y quien tenga interés en profundizarlo tiene ahora una oportunidad espléndida. Dos tipos que saben mucho de esto, dos profesionales atrevidos y pertinaces se pusieron hace un par de años en contacto con muchos de los que en España nos hemos acercado de algún modo a estas materias y nos pidieron que escribiéramos unos folios desde la óptica de nuestras experiencias y saberes. José María López Jiménez y Arturo Zamarriego tienen a su favor que son incansables y persistentes. Nos convencieron a más de cincuenta profesionales de los más diversos perfiles y procedencias (economistas, abogados, empresarios, periodistas, ingenieros...) para colaborar en un libro colectivo, y convencieron a Aranzadi para que lo publicara y al Colegio de Economistas de Madrid (CEMAD) para que lo patrocinara. ¿La consecuencia? Un libro colectivo de más de 1.000 páginas que será, para siempre, una referencia bibliográfica ineludible para quien quiera acercarse al concepto de la sostenibilidad desde la perspectiva empresarial. Es, de tanto como contiene en torno al tema, el libro más sostenible del mundo.

Solo tiene un defecto. El título (La sostenibilidad y el nuevo marco institucional y regulatorio de las finanzas sostenibles) hace referencia a un aspecto muy específico de todo lo que en él se aborda. Me consta que los compiladores pensaron primero en ajustarse al mundo financiero y bancario, del que ellos proceden, pero los colaboradores nos vinimos tan arriba que desbordamos con mucho esa limitación metodológica inicial y abordamos la cuestión desde la óptica empresarial en sentido estricto. Habría, tal vez, que haber repensado el título.

Podría añadir aquello de que el otro error del libro es el de haber contado este sus colaboradores con quien esto firma. Pero, por suerte, mis veintitantos folios fueron escritos a cuatro manos con mi colega y sin embargo amigo Miguel Gutiérrez, que fue quien en realidad aportó la sabiduría que pueda haber encerrada en ese puñado de páginas.

Lo demás, es todo impecable y de lectura obligada. Ha sido un honor. 

Publicar un comentario
Para enviar su comentario debe confirmar que ha leido y aceptado el reglamento de terminos y condiciones de LPO
Comentarios
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellas pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento de terminos y condiciones será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.