Opinión
Familia(S) sí, igualdad también: sin sectarismos ni complejos
Por Marta Martín Llaguno
La semana pasada votamos en el Pleno el Real Decreto-Ley 3/2021, "para la reducción de la brecha de género y otras materias en los ámbitos de la seguridad social y económico".

El ministro Escrivá trajo una ‘propuesta macedonia' con temas variopintos en modo de ‘todo o nada'. O lo tomas o lo dejas, o conmigo o contra el mundo. Si no aceptas todos sus supuestos, te conviertes automáticamente en culpable. Grave error por su parte, error que pagan todos los españoles. Ni la vida ni la política funcionan así. Los planteamientos maniqueos sirven para propaganda... y poco más.

Tal y como nos tiene acostumbrados ya, aprovechando la situación de crisis sanitaria, económica y social, el Gobierno ha utilizado otra vez la técnica legislativa de ‘churras y merinas': servirse de decretos que mezclan propuestas necesarias (normalmente, pedidas por Ciudadanos) con verdaderas cacicadas (normalmente, impuestas por Podemos o los nacionalistas).

Hay que reconocer que, para el Ejecutivo, los Reales Decretos son más cómodos que los Proyectos de Ley. Los primeros impiden la participación pública y difícilmente se pueden negociar. Así, aunque se apruebe su tramitación para enmendarlos, los partidos del Gobierno -en connivencia con la mesa del Congreso (que controlan)- procrastinan: cuando se pueden mejorar, si es que nos dejan, muchas de las medidas están ya en ejecución.

El decreto Escrivá incluye materias con las que es imposible estar en desacuerdo, a saber: que al personal sociosanitario se le reconozca la baja por COVID como enfermedad profesional, que los autónomos que tributan por módulos tengan acceso a prestación de cese de actividad, que los sanitarios jubilados que quieran incorporarse para luchar contra la COVID puedan hacerlo compatible con su pensión, o medidas para que el ingreso mínimo vital llegue ¡por fin! a sus destinatarios. Todo pedido por Ciudadanos.

El problema es que, junto a estas cosas razonables, el Gobierno ha querido, veladamente y por la puerta de atrás, meter también una reforma del sistema de pensiones. En román paladino: ha incluido de rondón una cuestión que tendría que haber presentado como proyecto de ley o al menos consensuado.

Así, escudándose en la necesidad de aplicar la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE (2019) -que ha declarado inconstitucional al complemento por hijo del PP por excluir a hombres- ha intentado modificar las pensiones por decreto.

¿Qué pretende el PSOE? No se lo pierdan: "aplicar el complemento para las familias con un solo hijo" (perfecto)... pero a costa de recortar el complemento de las madres cotizantes con dos o más hijos (intolerable). Es decir, con el mismo dinero, sin poner un euro, para complementar las pensiones de las madres (o padres, ahora) con un vástago, especialmente las de las cotizaciones más bajas, se plantea perjudicar a otras madres con más hijos y con pensiones más elevadas. El Gobierno propone dar un complemento a algunas mujeres...a costa de otras.

¡Ojo! que no son precisamente "mujeres ricas" ni "pérdidas simbólicas" como algunos están argumentando. Los datos cantan. Para que una trabajadora con un hijo pueda tener su complemento cuando se jubile (cosa que es de justicia), una madre de 3 hijos que gana el salario mínimo (950 euros) perderá 200 euros al año. En esto, el "gobierno progresista" no se plantea, como para otras cosas, incrementar el presupuesto.

Que el primer recorte de pensiones de un Gobierno que se autodenomina social y feminista sea sobre las madres trabajadoras es el colmo de la hipocresía.

Estamos de acuerdo en que hay que reformar el modelo del complemento por hijo que puso el PP. No sólo para incluir a los hombres, sino también para no dejar atrás a los progenitores con sólo un hijo a cargo. Pero no se puede hacer a escondidas (en un Real decreto-ley) y, sobre todo, a costa de mujeres que han hecho un sobresfuerzo para conciliar mientras trabajaban y criaban. Penalizar a madres que desarrollan su carrera profesional es inadmisible para un Estado que se dice social y, por supuesto, feminista.

Cabe señalar aquí el asombroso silencio mediático. Especialmente cuando el Real Decreto ha salido por los pelos. Incomprensible.

Se abre ahora la tramitación como Proyecto de Ley. No estaría de más aplicar, en este caso, la inversión de la carga de la prueba. Serán los partidos del Gobierno quienes tengan que explicar a los ciudadanos (especialmente a las ciudadanas) si el mantenimiento de la injusticia de este recorte, por sectarismo, va a poner en riesgo el resto de medidas.

Porque, en el fondo, y más allá de este hecho puntual, lo que subyace detrás de este planteamiento es una cuestión profunda: la politización intolerable no ya del concepto de igualdad (que da para otra columna), sino del concepto de familia.

No es nada nuevo. La concepción de esta institución ha estado cargada de ideología siempre y así se ha reflejado en las políticas del partido de turno.

Para los conservadores, la familia tiene una identidad estanca, adscrita a roles tradicionales de género. Les es, por tanto, muy difícil legislar sobre cuestiones que han reconocido "en diferido", como la familia LGTBI o monoparental.

Pero, para la izquierda, la "familia" nunca ha tenido entidad. De ahí que, sistemáticamente, todas las políticas que le afectan las intenten diluir en derechos individuales: políticas de género, políticas de infancia...

Plantear las medidas para eliminar la brecha salarial en contra del progreso profesional es un error. Pero tratar de solucionar este reto enfrentando a familias monoparentales contra numerosas es una infame estrategia que encaja en el impulso a la polarización en el que se ha especializado el Gobierno.

Las familias son plurales y múltiples, diversas, complejas, no tienen colores ni ideología... y resultan fundamentales para las sociedades del bienestar. ¿Quién, señora Celaá, gestiona los recursos de las políticas de infancia para los niños, sino sus progenitores?

Todos, votemos a quien votemos, tenemos familia: homoparental o heteroparental, sin hijos, monoparental o numerosa, extensa o nuclear...

La(s) familias(s) -con todos sus apellidos y dimensiones- están siendo para muchos, especialmente en esta crisis, el sustento y apoyo que no les ofrecen los Gobiernos ni otras instituciones.

Así que, señores del Gobierno, aléjense de la tentación de convertir a la(s) familia(s) en un campo de batalla en estos momentos y busquemos una solución más justa para avanzar en igualdad sin que las madres trabajadoras tengan que ver cómo se recortan sus derechos y sus pensiones. 

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