Opinión
Europa no es Lourdes
Por Marta Martín Llaguno
Quedan obstáculos a superar por parte de las instituciones comunitarias y sobre todo de nuestro Gobierno. Por supuesto, ni Sánchez ni sus socios quieren hablar de ellos

El pasado miércoles, mientras en la Comisión Mixta estábamos con la comparecencia del secretario de Estado para la UE, la agencia de noticias Bloomberg lanzaba la primicia de que Alemania había logrado que Hungría y Polonia levantaran el veto a los presupuestos europeos (y, en consecuencia, potencialmente al Plan de Recuperación) tras ofrecer una alternativa "más laxa" de aplicación del reglamento sobre protección del Estado de derecho.

Columna aparte merece esta cesión, que veremos en qué queda, pero lo cierto es que el Consejo Europeo comenzó el jueves en unas circunstancias más optimistas de las que cabía prever semanas antes.

Me gustaría centrarme hoy en una cuestión no menor. El desbloqueo, cubierto con euforia por los medios nacionales, no implica que el paquete de casi dos billones de euros del Fondo de Recuperación vaya a estar ni seguro ni, sobre todo, disponible para España.

Me explico. Quedan obstáculos a superar por parte de las instituciones comunitarias y sobre todo de nuestro Gobierno. Por supuesto, ni Sánchez ni sus socios quieren hablar de ellos.

En efecto. En estos días el marco financiero plurianual 2021-2027 (para entendernos, el presupuesto de la UE, al que va anexado el fondo) y sus mecanismos de financiación propios deben ser, todavía, aprobados por Parlamento Europeo. Ambos necesitaban la unanimidad del Consejo Europeo para que la Comisión Europea pueda emitir la deuda con la que financiará el fondo de recuperación. De ahí la importancia del desbloqueo del miércoles. Es una buena noticia porque si estos presupuestos entran en vigor (se calcula que en enero) se podrá hacer frente a las ayudas y programas tradicionales de la UE.

Cuestión diferente son los 750.000 millones de euros de subvenciones y préstamos del fondo de recuperación, que no tendremos, en un escenario optimista, antes del verano.

¿Por qué?

En primer lugar porque, aquí, la decisión sobre los recursos propios debe ratificarse no sólo por los parlamentos nacionales, sino, incluso, en algunos países por cámaras regionales. Esto llevará tiempo... y no es seguro que no surjan problemas. Además, queda otra cuestión no baladí: los Estados tienen que pactar aún con el Parlamento Europeo la regulación del funcionamiento del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (que veremos cómo queda).

En segundo lugar, en el supuesto que nada se tuerza, para autorizar las ayudas, tanto la Comisión como el Consejo, tienen que aprobar los Planes de Recuperación nacionales. Esta no es una cuestión menor habida cuenta el Gobierno ‘Frankestein' que tenemos.

En uno de sus ejercicios de propaganda a los que ya nos tiene acostumbrados, en octubre, Sánchez hizo una presentación grandilocuente de su boceto de "Plan de Recuperación". Lo cierto es que las propuestas definitivas (las de verdad, no las de marketing) se pueden presentar hasta abril

En uno de sus ejercicios de propaganda a los que ya nos tiene acostumbrados, en octubre, Sánchez hizo una presentación grandilocuente de su boceto de "Plan de Recuperación". Lo cierto es que las propuestas definitivas (las de verdad, no las de marketing) se pueden presentar hasta abril. Entonces, una vez recibidas, la Comisión tendrá hasta dos meses para valorarlas y recomendar (o no) su aprobación al Consejo Europeo, que a su vez tendrá cuatro semanas para aprobarlos (o no).

Y aquí es donde viene el quid de la cuestión. Para que el Consejo Europeo de su aval y se puedan empezar a desembolsar los fondos, los planes nacionales deben ser consecuentes con las recomendaciones que cada país recibió de la Comisión en el marco del Semestre Europeo (las de 2019 y 2020).

Y es que, cada año, la Comisión Europea publica para cada uno de los 27 países miembros unas recomendaciones concretas, negociadas en el Ecofin, aprobadas por los jefes de Estado y de Gobierno de la UE. Estas "recomendaciones" se tienen que aplicar a nivel nacional.

Tradicionalmente no se les ha hecho mucho caso porque (a priori) no tienen carácter vinculante. La cosa cambia cuando necesitamos fondos de Europa. Por ejemplo, Rajoy impulsó raudo la reforma laboral que Europa pedía en 2012, cuando estuvimos al borde del rescate y vio las orejas al lobo.

Aquí es donde el Fondo de Reconstrucción lo cambia todo. Porque lo que durante años han sido papeles mojados, se cobran ahora muy, muy importantes.

El Plan de Recuperación que nos tiene que aprobar Bruselas (como si de un examen se tratara) debe responder a diez cuestiones claves, a saber: un plan de ajuste presupuestario, la reforma del sistema de pensiones, la reducción de la temporalidad laboral, la mejora de la eficacia de las ayudas sociales, la unidad de mercado frente a la fragmentación autonómica, la lucha contra el cambio climático, el impulso de la I+d+i y de las conexiones para el transporte, y una reforma educativa de calado por consenso.

A la luz de las decisiones que se están tomando y de las normas que se están tramitando, no parece que este Gobierno esté acometiendo la mayoría de ellas. Como muestra un botón: la ley educativa de la que les he hablado en otras columnas. Tampoco en el Senado, PSOE y Podemos parece que van a permitir la participación de los afectados. Por otra parte, de acuerdo con los plazos aprobados (un sólo día de Ponencia y otro de Comisión), siguen con atropellos y chapuzas. Todo apunta a que el Gobierno y sus socios tienen intención de rechazar todas las enmiendas (lo cual es muy grave porque la LOMLOE tiene incluso fallos técnicos). Una aberración que va justo en la dirección opuesta de lo que se nos exige.

Para terminar. Quiero recordar que 27.000 de los 72.000 millones a fondo perdido que nos podrían llegar a España han sido incorporados como ingresos en los Presupuestos Generales del Estado de 2021 que alegremente, este Gobierno, aprobará en breve.

Desde Ciudadanos les advertimos que no es prudente disparar con pólvora ajena. Y que era conveniente contemplar seriamente las reformas que nos exigían desde Europa para garantizar que no se va a perder esta oportunidad. No nos escucharon.

Toda España ha visto que los sanchistas y sus socios prefieren jugársela. Más bien jugárnosla a todos. Y, señores, Europa no es Lourdes: informados con detalle están.

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