Opinión
Europa vuelve a equivocarse
Por Juan Torres
La realidad ha demostrado que las pol√≠ticas europeas frente a la crisis fueron un enga√Īo, un "austericidio" que dio como resultado todo lo contrario de lo que sus inspiradores dec√≠an que iban a conseguir

Las autoridades europeas se equivocaron antes, durante y despu√©s de la crisis de 2008 y se vuelven a equivocar ahora. Antes de que estallara no fueron capaces de prever lo que se estaba gestando. En gran medida, porque para ello tendr√≠an que haber reconocido las fatales consecuencias de sus propios errores previos. Entre otros:

  • Dejar que pa√≠ses como Alemania que acumulaban grandes super√°vit los dedicaran a financiar burbujas especulativas en la periferia europea. 
  • No regular convenientemente la actividad bancaria y permitir las pr√°cticas fraudulentas y peligrosas de la banca.
  • Establecer reglas de estabilidad presupuestaria equivocadas que en lugar de evitar los latigazos del ciclo econ√≥mico los agudizan.
  • No corregir un dise√Īo del euro concebido para beneficiar a los pa√≠ses centrales de Europa y a Alemania en particular y que, precisamente por ello, incrementa la divergencia y produce continua inestabilidad y rechazo social.

Cuando se desencadenó la crisis volvieron a equivocarse. En lugar de actuar con rapidez y contundencia, como ocurrió en Estados Unidos, los burócratas se aferraron a sus corsés ideológicos e impusieron recortes de gasto cuando las economías se venían abajo, provocando una segunda recesión y un sufrimiento social tremendo y tan injusto como ineficaz.

Aunque sin dar un solo paso para resarcir los da√Īos, Juncker habl√≥ de "austeridad imprudente" y reconoci√≥ que se hab√≠a "insultado a Grecia"

Tan evidentes fueron sus errores que hasta los propios dirigentes europeos tuvieron que reconocerlo m√°s tarde. Aunque a buena hora y sin dar un solo paso para resarcir da√Īos, el presidente de la Comisi√≥n, Jean-Claude Juncker, habl√≥ de "austeridad imprudente" y reconoci√≥ que se hab√≠a "insultado a Grecia". Numerosos estudios (algunos incluso del Fondo Monetario Internacional) han mostrado que los supuestos y c√°lculos con los que se justificaba la bondad de los recortes de gasto eran err√≥neos. 

La realidad ha demostrado que las pol√≠ticas europeas frente a la crisis fueron un enga√Īo, un "austericidio" que dio como resultado todo lo contrario de lo que sus inspiradores dec√≠an que iban a conseguir: afirmaron que eran imprescindibles para crear empleo y disminuir el endeudamiento, pero lo que hubo despu√©s de haberse aplicado fue m√°s deuda, menos y peor empleo y m√°s baja actividad econ√≥mica.

Una vez superados los momentos más duros de la crisis (con más retraso, con menos fortaleza y con más costes que en Estados Unidos) Europa siguió equivocándose, al menos, en cuatro grandes aspectos:

  1. Se dejó que la iniciativa de la recuperación la llevase el Banco Central Europeo con una política monetaria ultra expansiva que es cierto que evitó un colapso pero que ha tenido otras consecuencias negativas: un impulso de la actividad muy débil porque el dinero creado ha servido para limpiar los balances de los bancos pero en su gran parte no ha llegado a consumidores y empresas; un aumento del precio de los activos financieros que ha aumentado la desigualdad que es tan perjudicial para la demanda; la multiplicación de empresas "zombi" que sólo viven a base del crédito barato; y el incremento continuado de la deuda (o, lo que es lo mismo, del negocio de la banca).

  2.  No se aprovech√≥ la recuperaci√≥n para impulsar los cambios estructurales que son imprescindibles para afrontar la revoluci√≥n tecnol√≥gica y el cambio productivo que se avecinan. De hecho, la pol√≠tica expansiva del Banco Central Europeo mediante la compra de bonos corporativos dificulta esos cambios, pues beneficia a las empresas menos innovadoras (las que emiten m√°s bonos), m√°s contaminantes y reacias a impulsar la transici√≥n energ√©tica.

  3. Se sigui√≥ renunciando al dise√Īo y utilizaci√≥n de instrumentos (sobre todo fiscales, pero tambi√©n laborales o de gobernanza) antic√≠clicos, que impulsen la actividad en los malos momentos y la enfr√≠e cuando se acelera el crecimiento.

  4. No se hizo frente con eficacia al debilitamiento de la democracia en Europa, el mejor escudo del que dispone la ciudadanía para protegerse de las cargas y sacrificios que los de arriba siempre tratan de imponer a los de abajo en las grandes crisis económicas para salir beneficiados de ellas.

Ahora, cuando las cosas vuelven a ponerse feas y volvemos a encontramos a las puertas de un nuevo deterioro de la actividad económica, todos los indicios apuntan a que Europa se equivoca de nuevo.

Vuelve a equivocarse Europa haciendo la vista gorda a la estrategia siempre egoísta de Alemania; una dejación que va a producir un desgarro mucho mayor que el que ya existe en el espacio europeo

Vuelve a equivocarse dejando que sea otra vez el Banco Central Europeo quien haga frente en solitario a la desaceleración mediante la política monetaria expansiva. Ya no hay apenas margen para bajar los tipos de interés pensando en que así se estimule la inversión o el consumo. Y continuar con la compra de bonos es una buena noticia para los bancos, para las grandes empresas y para los hogares más ricos, pero no va a frenar la fuerte desaceleración que registramos.

Vuelve a equivocarse Europa dejando que cada economía se las componga como pueda y, en particular, haciendo la vista gorda a la estrategia siempre egoísta de Alemania (ahora, de nuevo renunciando a la acción mancomunada para hacer frente a los problemas y asumiendo por su cuenta planes de inversión). Una dejación que va a producir un desgarro mucho mayor del que ya existe en el espacio europeo.

Se equivoca de nuevo Europa al no poner en marcha con urgencia medidas presupuestarias de car√°cter extraordinario que act√ļen combinadas con las monetarias para hacer frente al cambio de ciclo. Y en particular, cuando se empe√Īa en seguir manteniendo criterios num√©ricos de estabilidad que no tienen ning√ļn fundamento cient√≠fico y que necesariamente agravan la situaci√≥n en los momentos cr√≠ticos, como el que se est√° iniciando.

Se equivoca Europa cuando deja que el BCE siga siendo la fuente de alimentación de la deuda como motor de la economía europea

Se equivoca Europa cuando no asume en la práctica, tomando medidas efectivas y yendo más allá de las buenas palabras, que nos encontramos ante una emergencia climática y que las estrategias de transición deben ser prioritarias.

Se equivoca Europa cuando deja que el Banco Central Europeo siga siendo la fuente de alimentaci√≥n de la deuda como motor de la econom√≠a europea. En lugar de dedicarse a permitir que los gobiernos (e infinidad de empresas) sigan endeud√°ndose para pagar la deuda (en beneficio de la banca privada), el BCE deber√≠a facilitar el saneamiento de las cuentas p√ļblicas sin perjudicar la inversi√≥n productiva y controlando el despilfarro. Y en lugar de tirar el dinero mediante una expansi√≥n monetaria que beneficia a los que m√°s tienen y que no impulsa suficientemente la actividad productiva ni, por supuesto, la sostenibilidad, deber√≠a ponerlo directamente en manos de quienes crean riqueza y empleo sostenibles. En lugar de salvar a los bancos, el Banco Central Europeo debe salvar a las empresas y a las personas.

Se equivoca Europa cuando renuncia a darle prioridad a la lucha contra la evasi√≥n y los para√≠sos fiscales y a disponer de una aut√©ntica Hacienda Europea que es la √ļnica garant√≠a de que el euro sea viable a medio plazo. Cuando no entiende que una uni√≥n monetaria sin un verdadero y potente presupuesto, sin programas de gasto e impuestos transnacionales, sin poderosos mecanismos de compensaci√≥n y sin avances decisivos en la uni√≥n pol√≠tica es una fuente constante e inevitable de divergencia, de perturbaci√≥n e inestabilidad econ√≥micas y de rechazo y desafecto social.

Se equivoca Europa al no reforzar sus programas de inversiones en investigación básica y desarrollo del conocimiento (incluso se plantea reducirlos en este campo), en transición energética y tecnológica y en igualdad territorial y de oportunidades ahora que se avecinan malos tiempos y un cambio de modelo productivo.

Algunas demandas comienzan a plantearlas ya incluso las fuerzas m√°s conservadoras de las instituciones europeas; el vicepresidente del BCE

Afortunadamente, algunas de estas demandas comienzan a plantearlas ya incluso las fuerzas m√°s conservadoras de las instituciones europeas. El vicepresidente del Banco Central Europeo Luis de Guindos reclamaba hace unos d√≠as "un instrumento fiscal de tama√Īo moderado, pero con capacidad de actuaci√≥n antic√≠clica, no controlado por los pa√≠ses sino por una autoridad europea". Es un paso adelante, sin duda, frente a la torpeza interesada de todos estos a√Īos atr√°s. Pero eso no es ni mucho menos suficiente.

Ese instrumento fiscal proporcionaría impulso a la economía europea, es cierto, pero por sí mismo no garantiza que se oriente en la dirección adecuada.

En primer lugar, porque sin cambiar al mismo tiempo la pol√≠tica del Banco Central Europea en la direcci√≥n que he apuntado, seguir√° aumentando la deuda hasta llegar a ser insostenible. Y sin corregir el dise√Īo del euro, la inversi√≥n producir√° m√°s desigualdades y nuevas asimetr√≠as.

En segundo, porque, sin cambiar las condiciones institucionales que hoy d√≠a prevalecen en la legislaci√≥n y en los mercados laborales, el aumento del gasto p√ļblico seguir√° traduci√©ndose en mayor beneficio de las rentas del capital y en menor participaci√≥n de los salarios en el conjunto de los ingresos. Es decir, en la distribuci√≥n de la renta muy desigual que hasta ahora viene impidiendo que la demanda efectiva se dinamice lo necesario para crear suficiente empleo de calidad y que, adem√°s, genera baja productividad y desincentivos para la innovaci√≥n y el progreso tecnol√≥gico (porque a m√°s bajos salarios, menos falta hace innovar para obtener beneficio).

Y finalmente, porque sin avanzar en la democratización de las instituciones políticas europeas, sin una Unión Europea realmente democrática en su funcionamiento conjunto, será imposible que existan los contrapesos, la transparencia y el control suficientes para evitar que los grandes poderes financieros y corporativos sigan imponiendo su voluntad y sus decisiones para lograr, como hasta ahora, que la política de gasto que se realiza en Europa responda exclusivamente a sus intereses particulares.


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