Opinión
España Siglo XXI: políticos en involución permanente
Por Juan Carlos Bermejo
Podemos y Ciudadanos tuvieron (tuvimos) la oportunidad de cambiar las cosas y hacer las reformas necesarias, en definitiva, hacer lo que los ciudadanos pedían. Sin embargo, no lo hicieron (hicimos) y además tomaron (tomamos) las mismas costumbres del bipartidismo al que se supone querían (queríamos) combatir

Hemos consumido ya casi dos décadas del siglo XXI, ese al qué todos mirábamos como el de los grandes cambios políticos y tecnológicos que revolucionarían nuestras vidas. Este hecho, quizás pueda haberse llevado a cabo en algunas regiones del globo, sin embargo, en España, ha se ha constituido en una auténtica involución.

La población española ha vivido dos décadas muy convulsas desde que el "efecto 2000" dejó de preocuparnos y tras comprobar que no acaeció el fin del mundo.

En primer lugar, inauguramos el siglo con una crisis económica provocada por el estallido de la burbuja tecnológica (startups, puntocom, etc.) que se agravó por el ataque a las torres gemelas. En aquel momento, a pesar de que se llevó por delante a muchas personas y empresas, España gozaba de buena salud económica con bajos niveles de deuda, además de independencia monetaria, lo que nos permitió salir adelante. Sin embargo, no aprendimos la lección, ya que nos contagiamos de la especulación del mercado inmobiliario, que nos dio una falsa apariencia de riqueza momentánea.

En medio de esta fiesta económica, que permitió al 80% de los españoles convertirse en "clase media" sin darse cuenta de que estaban caminando hacia el abismo, sufrimos el atentado del 11M, hecho que cambió por completo nuestra Historia moderna. Desde esa fecha, nuestra clase política abandonó por completo el poco sentido de servicio público que les quedaba para convertirse en maquinarias despiadadas de conservación del poder a toda costa, sin importarles las consecuencias que ello pudiera tener en los ciudadanos.

Así llegamos al 2007. Mientras los políticos nos daban la receta de que cuanto más nos endeudáramos comprando inmuebles, más ricos seríamos en el futuro, la burbuja estalló con una crisis tan virulenta que se llevó por delante a centenares de miles de empresas y familias. En paralelo, el bipartidismo devastaba las arcas públicas con redes sofisticadas de corrupción que eran dirigidas por las cúpulas.

Los años siguientes se siguieron caracterizando por una lucha encarnizada de poder entre socialistas y conservadores. Se alternaron el poder entre 2008 y 2015, pero no lo utilizaron para hacer las reformas necesarias, tanto políticas como económicas, sino para conservar su estatus económico y jurídico privilegiado.

Socialistas y conservadores se alternaron el poder entre 2008 y 2015, pero no lo utilizaron para hacer las reformas necesarias, sino para conservar su estatus económico y jurídico privilegiado

El resultado fue que tanto el país como los ciudadanos sufrió un empobrecimiento generalizado, basado en una economía de supervivencia con empleos precarios asociados a impuestos elevados, generación de bienes y servicios de bajo valor añadido, incremento exponencial del endeudamiento público, vaciamiento del fondo de reserva de las pensiones y el expolio de las arcas públicas por la corrupción política. Todo ello dejó a España literalmente "en pelotas" ante la aparición de una nueva crisis, como la que se nos cierne más pronto que tarde.

Durante este periodo ocurrieron hechos relevantes. El primero fue que los nacionalistas, que hasta entonces formaban complicidad con los golfos de Madrid para mantener su negocio, aprovecharon la crispación para emerger con ideas secesionistas. El segundo fue que aparecieron movimientos que recogieron el descontento de los ciudadanos por toda España. El más precoz fue el partido UPyD, que no tuvo excesivo éxito pero sirvió de lanzadera para otros movimientos más exitosos, abonados con las protestas del 15M, como fue la aparición de los partidos Podemos y Ciudadanos.

La mezcla de indignación y de ilusión en los ciudadanos propició que Podemos y Ciudadanos irrumpieran con mucha fuerza en la representación política. Millones de personas depositaron su confianza en estos partidos, encabezados por líderes carismáticos, formados por miembros de la sociedad civil y que lanzaban mensajes de regeneración y cambio.

Podemos y Ciudadanos tuvieron (tuvimos) la oportunidad de cambiar las cosas. Sin embargo, no lo hicieron (hicimos) y además tomaron (tomamos) las mismas costumbres del bipartidismo al que se supone querían (queríamos) combatir

 Ambos partidos, tuvieron (tuvimos) la oportunidad de cambiar las cosas y hacer las reformas necesarias, en definitiva, hacer lo que los ciudadanos pedían. Sin embargo, no lo hicieron (hicimos) y además tomaron (tomamos) las mismas costumbres del bipartidismo al que se supone querían (queríamos) combatir.

Todo ello, ha provocado un descrédito generalizado que se verá traducido en fracaso en las elecciones del 10N en favor de los partidos tradicionales que serán nuevamente los que triunfen para mantener su industria política a costa de los ciudadanos, además de otro movimiento conservador, convertido en partido (Vox) del que aún no sabemos sus consecuencias.

Mientras tanto, nuestra clase política, la más mediocre en décadas y en involución permanente, se ha olvidado definitivamente de las grandes reformas que España necesita, como el cambio Ley Electoral (clave para elegir a lo representantes), la forma de elegir a los jueces, la eficiencia en las cuentas públicas, las medidas que nos permitan ser fuertes ante las crisis, la generación de riqueza con bienes y servicios de alto valor añadido, los elementos para garantizar las pensiones o garantizar que todos los ciudadanos son iguales independientemente del lugar dónde vivan. En definitiva, aquellas que harían de España una nación fuerte, realmente democrática y que extinguiera cualquier sentimiento de querer separarse de ella.

 El descrédito generalizado se verá traducido en fracaso en las elecciones del 10N en favor de los partidos tradicionales

Que hoy tengamos este lamentable escenario, abocado a la ingobernabilidad y a la vulnerabilidad de los ciudadanos, no impedirá que muchos sigamos luchando y trabajando a partir del 11N por ver un día hecho realidad ese objetivo. Somos muchos más lo que así lo queremos que los que lo impiden y, al final, triunfaremos.