Opinión
La mayor vergüenza mundial
Por Manel López Torrents
La economía 'financiarizada' y el precio del crudo provocan que el S XXI esté resultando un auténtico asco.

Pandemia mundial sin visos de salida clara, recesión, despidos, enfermos, muertos, sanidad colapsada... da igual sobre qué país leas esto, se puede aplicar a cualquiera. Un desastre Covid total. Sin embargo, el barril de crudo roza los 70 dólares, por lo que ya ha alcanzado cotizaciones pre covid. Los cínicos teletipos de agencias internacionales sobre commoditties hablan de mejores expectativas de demanda en base a no sé qué estadísticas de no sé qué agencia oficial y que la Opep, magnánimamente, incrementará en unas decenas de miles los barriles. Aprietan, pero no ahogan, al parecer.

Mientras tanto, el ciudadano que iba hoy a la gasolinera, se encontraba con el diésel a 1,35 euros y la gasolina por encima de 1,40. Eso, si iba a una low cost, porque en las distribuidoras premium del centro de la ciudad los precios son de escalofrío.

Hay movilidad reducida, las aerolíneas quiebran, la hostelería está hundida, el turismo es inexistente, pero los estratosféricos precios de los carburantes configuran un mundo terrible, oscuro, en las antípodas de lo que debería ser el S XXI, y en el que las proclamas de sostenibilidad y ecología son falsos brindis al sol en casi todos los casos.

El S. XXI debería haber sido el de la eclosión de las libertades civiles e individuales. Es lo contrario. 

Carburantes caros implican inflación directa a otras energías, a los alimentos, agricultura, industria... impiden al ciudadano hacer mejor su vida, mientras unas pequeñas élites, controladoras de la generación energética hacen y deshacen a su antojo, con unas ganancias inmorales, aunque sólo sea por lo que desmoralizan al resto de sociedad. Lo malo es que tienen fuertes barreras de entrada. Las que les gustaría seguir manteniendo a las telecos, banca, prensa...

Este siglo debía ser el de las libertades civiles, la mejora de la democracia precisamente por la debilidad de los cárteles en favor de la sociedad. En la que los trabajos podrían dejar de ser un mecanismo alimenticio de pago de facturas, para tener un sesgo mucho más vocacional. En el que los Gobiernos no iban a decidir nuestros destinos. En definitiva, en el que la humanidad iba a dar un avance exponencial sobre ese bienestar que comenzamos a rozar con los dedos a finales del siglo pasado. Deberíamos ser dueños ya de nuestro tiempo.

En los 90 empezamos a creernos que llegaba el bienestar de verdad. Mucho trabajo, pero progreso laboral. Ser rico, o casi, no era tan difícil. Estaba ahí la opción de tener una o dos viviendas, buenos coches, consumo de alto standing y vida razonablemente encauzada al llegar a los 50, donde ya dar paso al ocio casi definitivamente. Muchos soñábamos eso.

El Siglo XXI lo contemplábamos como portador de riqueza, muchos menos impuestos, ideas comunistas totalmente borradas y, en definitiva, la capacidad de decisión del individuo sobre su propia vida en cotas inusitadas.

Qué decepción. Lo que ha venido en este frustrante siglo ha sido la eclosión de la economía ‘financiarizada', inducida por la banca que inversión, que ha inflado todo a base de activos financieros sin subyacente real y con una burbuja de deuda impagable. Eso generó una bolsa de corrupción inconsciente: realmente, el CEO de Enron, Lehman Brothers o Bankia no tenían la sensación de estar delinquiendo, tal era la vorágine creada.

La economía 'financiarizada' provoca que muchos delincuentes ni siquiera han tenido conciencia de estar delinquiendo

En el lado de la economía real, todo igual o peor. Durante la recesión de Lehman, el barril de crudo estuvo también en los 100 dólares o más, lo que contribuyó a hacer de oro, por ejemplo, al régimen chavista.

El petróleo caro es una auténtica bacteria salmonelosa para la clase media, un estrato social que constituyó el gran avance del S XX. La bacteria de la salmonela, primero destroza todo lo que tiene la persona en el intestino. Una vez ha provocado la expulsión de todo, empieza a corroer el organismo. Así, una persona puede llegar a perder en un solo día 8-10 kilos. Doy fe de ello. Los petroleros son lo mismo para la economía.

No se trata de enarbolar ni mucho menos un discurso podemita. Ni en broma. Pero en el S XXI, la sociedad no puede continuar con la pierna de los precios energéticos sobre el cuello. Será imposible levantar cabeza así. Parece mentira que no haya un político que hable de esto, seguramente por la enorme carga impositiva existente sobre los carburantes, que se traduce en que tengamos más estado y más Gobierno por doquier. Una desesperación que tampoco podamos sacudirnos de encima a la casta política. 

Y una última obviedad: los grandes países productores de materias primas no son pioneros de desarrollo social, civil ni cultural. Son oligarquías y regímenes terribles. En el mejor de los casos, opacos. Penoso, se mire como se mire. 

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