Opinión
Castells y los cocodrilos de Nueva York
Por Marta Martín Llaguno
El Ministro se ha escudado en el paraguas de la "autonomía universitaria" para dejar a la Universidad española a la deriva. En una pandemia que ha colapsado el sistema tendría que haber coordinado, liderado, implementado medidas y recursos y desarrollado normativas urgentes y necesarias. No lo ha hecho

 El subsuelo de Nueva York está plagado de cocodrilos albinos. Al menos, eso dice la leyenda urbana.

Cuenta Robert Daley en ‘El mundo bajo la ciudad' que, en los años 30, un operario de Manhattan se topó con un caimán blanco en la red de alcantarillado. Su testimonio no fue único. En 1935, el New York Times publicó que tres jóvenes habían encontrado el reptil ¡de 52 kilos! saliendo de una cloaca.

Este animalito (y algunos semejantes más) ‘okupaba' los fondos de la ciudad porque algunos nuevos ricos, encaprichados de ellos, los habían llevado desde Florida a Nueva York sacándolos de su hábitat. En poco tiempo, los esnobs que habían puesto "un cocodrilo en sus vidas" se cansaban de ellos y, tirándolos por el desagüe, los abandonaban a su suerte. Se supone que los caimanes se acomodaron a su nuevo hábitat, pero, de vez en cuando, por un motivo u otro, salían de su zona de confort, sacando la cabeza y generando estupor y pánico.

Hoy, cuando preguntas a las autoridades, lo único que responden acerca de la existencia o inexistencia de estos animales es muy claro: nosotros nunca los vimos y no los hemos visto.

No los han visto ellos, como nosotros no hemos visto al ministro Castells.

Lo cierto es que no sólo los medios, sino también la Universidad y la oposición, reprochamos al Ministro su "inacción" y su "falta de liderazgo" en estos seis meses, pero, sobre todo, el no haber dado la cara.

El otro día, en una extraña aparición pública (en la que según cuentan, estaba especialmente tenso), cuando los periodistas le preguntaron por su misteriosa desaparición, Castells dijo que era una "leyenda urbana".

Según el Ministro, Moncloa no le dejó comparecer porque la Universidad no ha sido una prioridad para el Gobierno. A su juicio, las críticas que recibe (de estudiantes, rectores, sindicatos y oposición) obedecen a "una campaña política interesada" y, sorprendentemente, siendo un experto en opinión pública, "el ruido mediático no le preocupa".

Lo cierto es que no sólo los medios, sino también la Universidad y la oposición, reprochamos al Ministro su "inacción" y su "falta de liderazgo" en estos seis meses, pero, sobre todo, el no haber dado la cara.

Las escasas entrevistas (o las comparecencias parlamentarias de ocho interminables horas repletas de digresiones) no han servido para esclarecer ni una sola duda importante.

Por ejemplo, las normas sanitarias y de salubridad no están claras. Eso ha llevado a no poder concretar con suficiente margen el problema de espacios (algunos campus se han quedado a un 30% de la capacidad). Al no tener resuelto el problema de espacios, no se ha podido determinar con exactitud el tema de la presencialidad. Y, sin protocolos claros de presencialidad, los alumnos no saben si alquilar o no alojamiento, cómo contratar el transporte... Tampoco está siendo fácil determinar cómo hacer las prácticas académicas y, sin resolver este tema, no se puede evaluar. Si no se evalúa, va a ser difícil expedir los títulos. En fin, todo un enredo.

En este tiempo, no hemos tenido ni una sola indicación académica. Ni una previsión de escenarios. Ni una información concreta. Ni un órgano de valoración y orientación. Nada.

Hay un alud de preguntas e incertidumbres encadenadas por solucionar y que Castells ha "pasado", como patatas calientes, a Comunidades Autónomas y rectores. Después de seis meses de cierre de aulas, la semana pasada (¡31 de agosto!) el Ministerio presenta un "Recomendaciones del Ministerio" que se limita a instar... ¡al uso permanente de mascarillas y a la apertura de ventanas! No basta. Encima, han hecho cambiar los planes de contingencia a muchas universidades ahora.

En este tiempo, no hemos tenido ni una sola indicación académica. Ni una previsión de escenarios. Ni una información concreta. Ni un órgano de valoración y orientación. Nada.

La semana pasada también, en una operación desesperada para "salvar al soldado Castells", el Ministerio lanzaba una nota de prensa sobre un borrador del estatuto del PDI a modo de ‘cortina de humo'. Sin convocar una mesa de trabajo. Sin negociar. Sin saber cómo y dónde van a poder trabajar los docentes en las próximas semanas. ¡Qué campeones! Menos mal que el ruido mediático les resbala.

En fin. Y es que, cuando no se actúa (o se actúa a destiempo) poco y mal se puede comunicar. Y lo cierto es que si Castells no ha comparecido es porque realmente no ha trabajado en resolver los problemas generados por esta crisis. El Ministro se ha escudado en el paraguas de la "autonomía universitaria" para dejar a la Universidad española a la deriva. En una pandemia que ha colapsado el sistema tendría que haber coordinado, liderado, implementado medidas y recursos y desarrollado normativas urgentes y necesarias. No lo ha hecho.

Hay muchas cosas que solventar. Por ejemplo, en estos momentos, una cuestión acuciante: que las universidades puedan ejecutar el fondo Covid más allá de diciembre. Si el dinero les llega a finales de este mes, y sus presupuestos han de cerrarse en breve, nada van a poder gastar. Los centros necesitan flexibilidad y el Ministro (que es Ministro del ramo y no Catedrático de una universidad) tiene que pelearla.

Presionado por los periodistas, la semana pasada Castells tuvo que salir de su zona de confort. Como los caimanes albinos de Nueva York, causó estupefacción. Y pánico. Repito sus palabras. "No hay plan B. El Plan B consiste en sobrevivir en las condiciones en que podamos". Pero lo grave es que, desde el Ministerio, tampoco hay Plan A.

Las "leyendas urbanas" se separan de las "teorías de la conspiración" por una delgada línea roja. Las primeras son más inocentes y simpáticas, las segundas más trágicas. Ambas tienen siempre una parte explicativa, una razón, y una parte terrorífica, que puede sustentarse en hechos. Y este es el caso.

Castells fue presentado por Podemos cual pieza exótica sacada de su hábitat natural. Un intelectual "importado" a la política por capricho de Colau. Ahora parece que, según él mismo denuncia, el Gobierno le ha abandonado a su suerte. Y sólo asoma para crear alarma.

Así las cosas, no me extrañaría que en breve, alguien de la Moncloa, preguntado por este Ministro responda lo mismo que las autoridades de la "Gran Manzana" con los cocodrilos: nosotros nunca lo vimos.

Publicar un comentario
Para enviar su comentario debe confirmar que ha leido y aceptado el reglamento de terminos y condiciones de LPO
Comentarios
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellas pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento de terminos y condiciones será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.