Opini贸n
La batalla contra la desinformaci贸n
Por Beatriz Becerra
La desinformaci贸n ha tenido un papel clave en los acontecimientos de estos 煤ltimos a帽os. El Brexit y la victoria de Trump habr铆an sido imposibles sin su acci贸n corrosiva

La desinformaci贸n (denominaci贸n m谩s completa y certera del fen贸meno que la sobreutilizada fake news) es, por encima de todo, un ataque frontal y organizado a las bases de la democracia liberal, a trav茅s de la diseminaci贸n deliberada de informaci贸n falsa. Su objetivo no es exactamente enga帽ar, sino hacer que la ciudadan铆a renuncie a la posibilidad de conocer la verdad. Es decir: que tiremos la toalla en nuestro af谩n de comprender los hechos, y que cada cual se abrace simplemente a sus propios prejuicios y sesgos de confirmaci贸n. Si perdemos la certeza com煤n de que es posible compartir un suelo f谩ctico, no habr谩 ninguna esperanza de alcanzar los m铆nimos consensos que hacen posible la convivencia democr谩tica.

La desinformaci贸n se nutre de m煤ltiples actores que, con motivaciones diferentes y mayor o menor conciencia, contribuyen directamente a ese fin. Como explica el CNI en un documento interno, la mitad de los espa帽oles mayores de 16 a帽os (unos 20 millones de ciudadanos) estamos en riesgo de ser objeto de campa帽as de desinformaci贸n: una nueva modalidad de guerra h铆brida cuya meta es aprovechar las ventajas de las democracias liberales como si fueran debilidades. As铆, la libertad de expresi贸n facilita la difusi贸n de bulos que dividen a la sociedad y socavan la confianza en las instituciones. Mentiras que, por ejemplo, pueden minar en un abrir y cerrar de ojos los logros que nos han costado siglos de ciencia, como evitarnos enfermedades mortales a trav茅s de las vacunas. S贸lo en Europa, la OMS ya ha alertado de un "dram谩tico auge" del sarampi贸n, con 90.000 casos en el primer semestre de 2019 (m谩s que en todo 2018). Su director general ha afirmado que la desinformaci贸n y las falsedades intencionadas que difunden los antivacunas "son tan contagiosas y peligrosas como las enfermedades que ayudan a propagar". S铆, nada menos que esto es lo que est谩 en juego: nuestra salud, nuestras certezas, nuestro modelo de convivencia democr谩tico. Y ya sabemos que la ignorancia y la mala intenci贸n son aliadas perfectas de la desinformaci贸n

La desinformaci贸n ha tenido un papel clave en todos los acontecimientos que han sacudido nuestro mundo en estos 煤ltimos a帽os. No hace falta que mencione que el brexit y la victoria de Trump habr铆an sido imposibles sin su acci贸n corrosiva, y que el nacionalpopulismo europeo, de norte a sur y de este a oeste, se alimenta de ella. A nosotros nos ha afectado lo suficiente el caso de Catalu帽a como para que no necesitemos demasiadas explicaciones. Todo suced铆a ante nuestros ojos inicialmente at贸nitos. Sin saber muy bien qu茅 hacer ni tener del todo claro a qu茅 nos enfrent谩bamos, nos dimos cuenta de que el problema afectaba a cuestiones muy sensibles como los derechos fundamentales (y especialmente la libertad de expresi贸n). Pero tambi茅n de que se trataba de un serio problema de seguridad, sobre todo cuando constatamos que estaba propiciada por gobiernos extranjeros como el nada amistoso que dirige Putin desde Mosc煤.

Tras algunos pasos trastabillantes y con cierto retraso, la Uni贸n Europea termin贸 por reaccionar. En diciembre de 2018 puso en marcha el Plan UE contra la Desinformaci贸n, que se centr贸 en cuatro objetivos: dotar de recursos al Servicio de Acci贸n Exterior para mejorar la detecci贸n de la desinformaci贸n, establecer un Sistema de Alerta R谩pida que obligara a los gobiernos nacionales a informar si se percib铆a un ataque, colaborar con las plataformas digitales incluyendo la firma de un C贸digo de Buenas Pr谩cticas, y mejorar las capacidades de los ciudadanos para evitar que fueran v铆ctimas de la desinformaci贸n y supieran desenvolverse con criterio y seguridad en el entorno digital. 

El Plan ten铆a la vista puesta en la amenaza m谩s concreta: las elecciones europeas del 26 de mayo. Y s铆, se emplearon t茅cnicas de desinformaci贸n para influir en los resultados y en la participaci贸n. Y s铆, los ataques vinieron principalmente desde Rusia (sobre todo amplificando contenidos falsos lanzados por grupos extremistas dentro de los pa铆ses UE). Pero ya est谩bamos dotados de los recursos, herramientas e implicaci贸n de todos los gobiernos nacionales. Superamos la prueba de fuego: una amenaza cierta de desestabilizaci贸n de la democracia europea. Pero, desde luego, no podemos considerarlo ni mucho menos una victoria definitiva, por dos razones: la primera, porque la coordinaci贸n e implicaci贸n en el Plan UE de los actores institucionales, empresariales y medi谩ticos a煤n no es suficientemente eficiente ni fiable. Y la segunda, porque la propia evoluci贸n del fen贸meno (nuevas formas, nuevos actores, nuevos medios) est谩 desafiando nuestra capacidad de enfrentarla, y tenemos que asumir que el ensayo y error ser谩 la norma para combatirla.

Es completamente relevante tener en cuenta lo que est谩 ocurriendo en EEUU a la hora de establecer una estrategia 煤nica contra la desinformaci贸n en la UE. Y no me refiero s贸lo de los avances tecnol贸gicos que proporcionan nuevas formas de enga帽ar como el deep-fake (los v铆deos en los que vemos a alguien decir con su voz cosas que nunca dijo). Tal y como manten铆a Cindy L. Otis hace unas semanas en USA Today, si en las elecciones de 2016 tuvo un papel clave la injerencia extranjera (l茅ase Rusia) para la victoria de Trump, en las de 2020 los propios estadounidenses ser谩n la principal fuente de noticias falsas, mentiras, medias verdades, exageraciones, ataques, ruido y, en definitiva, divisi贸n. Rusia seguir谩 muy presente, por supuesto. Pero los esfuerzos del Kremlin se dedicar谩n probablemente (como ya ensayaron en las elecciones europeas) a amplificar las narrativas de divisi贸n y polarizaci贸n a base de informaci贸n falsa que ya hayan creado los actores dom茅sticos. Y esto les dejar谩 m谩s tiempo y recursos disponibles para enfocarse en otros empe帽os con potencial disruptivo.

No podemos dormirnos en los laureles, ni que lo urgente nos distraiga de lo importante. La desinformaci贸n ha existido siempre, pero ahora ha adoptado nuevas formas y se ha hecho m谩s peligrosa de lo que cab铆a esperar gracias a la innovaci贸n tecnol贸gica y a los recursos comunicativos de un mundo conectado y global. Por eso hay que enfrentarla de forma organizada, con las armas y la determinaci贸n de una batalla del siglo XXI. Sin complacencia ni fatalismo: de frente y con todo.


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