Vox
Vox se reunió con Fujimori en Perú para reforzar su presencia en América Latina
Tres altos dirigentes de Vox se reunieron esta semana en Perú con representantes de partidos de la derecha radical y con la excandidata presidencial Keiko Fujimori. Sumaron adhesiones a la Carta de Madrid, que denuncia el "avance del comunismo".

 Tras el reciente viaje de Santiago Abascal a México, el partido ultraderechista continúa extendiendo su cruzada "anticomunista" en la región. Esta semana fue el turno de Perú, donde aterrizaron el europarlamentario Hermann Tertsch y el diputado y vicepresidente de la formación, Víctor González, acompañados por Jorge Martín Frías, el director de la Fundación Disenso, el think tank que sustenta los postulados de Vox.

Allí se reunieron con congresistas de los partidos peruanos Renovación Popular, Avanza País y Fuerza Popular, de la excandidata presidencial Keiko Fujimori, a quienes hicieron firmar la Carta de Madrid, el documento contra el "avance del comunismo" que Disenso promueve ahora en el continente americano.

El manifiesto cuenta ya con las adhesiones del candidato presidencial pinochetista Antonio Kast, de Chile, Eduardo Bolsonaro, hijo del mandatario brasileño, y Álvaro Uribe, a quien visitaron en Colombia los tres dirigentes españoles antes de pisar Lima.

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A comienzos de septiembre Abascal llevó esa misma carta a México y sacudió el tablero político. El PAN borró de Twitter la foto de la reunión entre sus senadores y el líder de Vox. Y el PRI directamente desmintió el encuentro. Ambos partidos conservadores se oponen al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Con el mismo espíritu pero con mejores resultados, Tertsch, González y Frías sumaron el apoyo de formaciones radicales que tachan al gobierno de Pedro Castillo de comunista e incluso de terrorista, y que hasta último momento desconocieron su triunfo electoral. Dos de los anfitriones, los congresistas Jorge Montoya y José Cueto, investigados por la Fiscalía peruana por sus falsas denuncias de fraude. 

Tertsch, González y Frías sumaron el apoyo de formaciones radicales que tachan al gobierno de Pedro Castillo de comunista e incluso de terrorista, y que hasta último momento desconocieron su triunfo electoral.

Montoya y Cueto forman parte de Renovación Popular, que en las pasadas presidenciales llevó de candidato a Rafael López Aliaga, un empresario ultraconservador que milita en el Opus Dei y que en un acto de campaña pidió "muerte al comunismo y a Castillo". Los dirigentes de Vox también recibieron el respaldo de Erasmo Wong, dueño del canal de televisión Willax, ferviente opositor a Castillo y a todo lo que percibe de izquierda.

La gira peruana terminó con la foto de Tertsch, González, Frías y Fujimori. "Compartimos nuestra preocupación sobre el avance del comunismo y reafirmamos nuestro compromiso en defensa de la libertad y democracia", expresó la tres veces candidata. 

La misión de los tres hombres consistió en unir a la derecha peruana y exhibir músculo en un país que Vox considera invadido por el comunismo. Tal como lo hizo en México para marcarle territorio a López Obrador, otro enemigo de la ultraderecha española. De hecho, la Carta de Madrid deplora tanto al Grupo de Pueblo como al Foro de San Pablo, dos instancias progresistas que Vox ve como reductos de izquierdistas que complotan para adueñarse de la región. 

Compartimos nuestra preocupación sobre el avance del comunismo y reafirmamos nuestro compromiso en defensa de la libertad y democracia

En el imaginario de Vox tiene vital importancia la "Iberosfera", una suerte de espacio cultural compartido, o la excusa que encuentra la formación española para explicar su creciente presencia en América Latina. Proyecta un área de influencia que privilegia las raíces hispanas, aunque incluye en su mapa a Canadá y Estados Unidos, donde Abascal también estrecha relaciones.

Con todo, Perú ofrece a Vox un considerable poder simbólico. Castillo, al igual que López Obrador, cuestionó los efectos de la conquista y la colonización españolas, una transgresión imperdonable desde la óptica del grupo de Abascal, que justamente reivindica ese periodo de la historia.

Además, Castillo dio por terminado el Grupo de Lima, que por un tiempo sirvió de refugio a los gobiernos de derecha de América Latina que combatieron a Nicolás Maduro en Venezuela. Allí puede verse como en ningún otro lugar, razona Vox, la "agenda ideológica" de los "regímenes totalitarios de inspiración comunista" que domina la región.

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