Entrevista
"El movimiento catalán no está unido"
La presidente de la Asamblea Nacional Catalana, Elisenda Paluzie, habló con LPO sobre los os desafíos del bloque independentista y la tensa relación con el Gobierno central. Se vuelven a movilizar este sábado por primera vez desde la pandemia.

Para la presidenta de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Elisenda Paluzie, la inminente Diada independentista del 11 de septiembre es un desafío sin parangón, no tanto en términos de la magnitud de movilización sino como símbolo de un nuevo punto de partida para volver a la "ofensiva".

"No hay solución al conflicto sin respeto al derecho de autodeterminación, y no veo ninguna disposición de parte de los partidos españoles a aceptarlo", asegura Paluzie en entrevista con LPO en la sede de la organización en Barcelona, en vísperas de una jornada que en los últimos años sirvió, más que cualquier otra, para marcar la agenda de quienes lideraron el mayor desafió institucional que afrontó España en su historia reciente.

La situación política actual tiene muy poco que ver con la etapa del inicio de ‘procés', entre 2012 y 2015, o los momentos convulsos de 2017, cuando el gobierno de Carles Puigdemont situó a Cataluña a las puertas de la secesión tras una declaración de independencia que resultó fallida.

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La pandemia puso en un segundo plano el conflicto secesionista, los indultos a los líderes presos del procés rebajaron la tensión, mientras la reanudación de la mesa de diálogo entre el Gobierno central del socialista Pedro Sánchez y la Generalitat -que se celebrará la próxima semana- estableció un horizonte de "impasse", al menos en el corto plazo.

A pesar del cambio de escenario, y a las divisiones internas - el presidente catalán Pere Aragonès apuesta por la mesa de diálogo y sus socios de coalición de Junts la quieren dinamitar-, para todos los actores del bloque independentista es clave demostrar que el movimiento no se ha desarticulado, sino que, por el contrario, asumen el repliegue como un nuevo punto de partida.

Paluzie, doctora en Economía, con título de Yale y la London School of Economics, pronostica que la mesa de diálogo fracasará, pero también teme que debilite al independentismo, que ya se encuentra en horas bajas. Por ello, llama a la sociedad civil independentista a recuperar la iniciativa presionando en las calles, igual que en el pasado, para que los gobernantes diseñen un nuevo plan unitario y una nueva DIU (Declaración Unilateral de Independencia).

¿Estamos ante una de las Diadas más difíciles?

Hace un año y medio que no hay una gran manifestación del independentismo, y ahora volvemos a tener la oportunidad de hacerlo para pedir a nuestros gobernantes que tienen mayoría que trabajen por la independencia.

Somos conscientes de que no vamos a pasar de cero a cien, porque si bien el porcentaje de vacunación es alto, aún no hemos superado la pandemia.

La Diada tiene lugar en la antesala de la reunión de la mesa de diálogo entre la Generalitat y el Gobierno Central que la ANC no respalda y Ómnium -la otra gran plataforma cívica- si. ¿Veremos a la sociedad civil dividida?

Hacer esta reunión de la mesa de diálogo después de la Diada no fue nuestra decisión, sino del Gobierno catalán. En cualquier caso, no salimos a la calle por la mesa de diálogo, nuestro el lema es "luchemos y ganemos la independencia". El mensaje es que en el Estado español no nos van a dar nada, y lo que tendremos será lo que ganemos colectivamente.

Usted pronostica que la mesa de diálogo fracasará ¿No vale la pena intentarlo?

Hay que diferenciar la disposición de negociar el proceso de independencia, y por lo tanto, el instrumento clásico, que es un referéndum de autodeterminación acordado. Esto hay que hacerlo siempre. Y otra cosa es no ver los riesgos de una mesa de diálogo en un momento en el que no se ha pactado la cuestión de la autodeterminación. Es verdad que se acordó que cada uno puede llevar el tema que quiera, pero lo que vemos es que podemos encontrarnos en un diálogo de sordos, en el que uno habla de autodeterminación y amnistía y otros infraestructuras y financiación autonómica. ¿Esto cuánto puede durar?  

No salimos a la calle por la mesa de diálogo, nuestro el lema es "luchemos y ganemos la independencia"

¿Le preocupa que el independentismo quede debilitado?

Si, se puede correr el riesgo de que este ciclo desmovilice al independentismo y al Estado le sirva para limpiar su imagen ante el mundo, diciendo que dialogan, pero sin ninguna voluntad real de respetar el derecho de autodeterminación. Entiendo a los que argumentan que hay que mostrar la disposición al acuerdo, pero no hay solución al conflicto sin respeto al derecho de autodeterminación y no veo ninguna disposición de parte de los partidos españoles. Incluso el que más lo habían defendido, Podemos y los Comunes, ya no lo hacen. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, dijo recientemente que ‘no estábamos para tonterías'. Por su parte, los ministros de Sánchez hablan financiación autonómica, reforma del Código Penal. Por otro lado, en términos electorales somos fuertes, pero el movimiento no está unido y determinado.

Usted defiende que el gobierno catalán debe preparar una DIU ante el eventual fracaso del diálogo. ¿Pero si no funcionó en 2017 cómo cree que puede funcionar ahora?

La DIU de 2017 se tendía que haber hecho después del referéndum del 1 de octubre, pero se perdió fuerza, se dejó que el Estado se reacomodara y luego ya no hubo intención de defenderla. Las instituciones no se habían prepararon lo suficiente para el día después. Lo que decimos es que se deben preparar. Sin actos de soberanía no llegaremos a la independencia. No queremos entrar en la cultura del derrotismo. Tenemos que pensar en lo que no salió bien y ve cómo lo podemos mejorar.

¿Se ha pedido una oportunidad irrepetible en octubre de 2017?

Creo que el movimiento puede generar otras oportunidades. Hemos demostrado una capacidad de resistencia enorme, tanto en términos electorales como en términos de solidez de la sociedad civil que lo acompaña.

Los indultos han desactivado gran parte de la tensión ¿Cómo valora la medida del Gobierno español?

Es evidente que fue una decisión bastante inteligente porque era un tema incómodo para el Estado español e incomodo para la UE. Hubo un pronunciamiento de la ONU y Consejo de Europa. Y el hecho de que los presos políticos ya no estén en la cárcel hace que este Gobierno en particular se haya podido mostrar como generoso. La represión más visible es la de los presos políticos y exiliados, pero las movilizaciones posteriores al 1 de octubre también tuvieron consecuencias en términos de detenciones y ahora están saliendo las primeras condenas a cárcel de chicos jóvenes que participaron de las protestas. Esto va a ser una cascada y veremos que la represión sigue. 

No hay solución al conflicto sin respeto al derecho de autodeterminación y no veo ninguna disposición de parte de los partidos españoles

Entre tanto, Vox se está beneficiando ¿Imaginaba que podían entrar en el Parlament?

Lo que ocurrió fue que la derecha y el Estado español utilizaron a Vox y lo alimentaron contra Cataluña. La ultraderecha no tenían diputados y comenzó actuando como acusación particular contra líderes catalanes y en el juicio del Supremo por el ‘procés'. Esta situación les venía bien a todos, pero alimentaron un monstruo. Hasta hace poco España podía presumir de que no tenía una extrema derecha, ahora si se produce un alternancia en el Gobierno es probable que el PP llegue al poder con el apoyo de Vox. Esto supondrá un gran desgaste para el Estado español en términos de imagen.

¿Lo aprovecharán?

Evidentemente, hay que aprovecha las debilidades del contrario, sobre todo cuando eres el débil.

Del fallido ‘procés' quedaron heridas abiertas, liderazgos en pugna y un movimiento dividido. ¿Existen condiciones para un nuevo desafío?

Sufrimos un golpe fuerte, y gestionar la represión supuso un consumo de energía enorme. Por lo tanto, lo que creo es que tenemos que retomar el camino ascendente, con un proyecto propio, determinado, unitario y claro. A mi me gustaría que el proyecto se concretara en estos cuatro años de legislatura, porque de alguna forma estamos reforzados por la mayoría democrática del 51% de voto directo. Pero también se tienen que dar otras condiciones.

La ciudadanía en general está agotada por la pandemia y la crisis. ¿Cree que habrá apoyo para una nueva aventura que conlleve aún más incertidumbre?

La pandemia nos enseñó a superar situaciones económicamente mucho más bestias que las que se vivieron en octubre de 2017 en Cataluña, cuando hicimos un referéndum. Ni siquiera en aquel mes bajó la tasa de crecimiento como ahora. Pero también es evidente que no vas a hacer una declaración de independencia e intentar sostenerla en plena pandemia. Ya los escoceses dijeron que ellos van a hacer un nuevo referéndum cuando pase la pandemia.

En los últimos días salieron a la luz contactos del jefe de la oficina de Carles Puigdemont, Josep Lluís Alay, con el espionaje ruso en 2017 y 2019. El Kremlin se desmarcó, ya que cualquier ayuda rusa a los planes independentistas de Cataluña supondría problemas con la UE. ¿Qué piensa usted sobre este tipo de ayuda?

En primer lugar, no se acreditó ninguna prueba de que hubiese alguna ayuda rusa. Hay unas investigaciones prospectivas, vulneración de secreto en las comunicaciones y una obsesión con encontrar esta trama rusa. Cualquiera se reúne con un ruso o tiene un empresario amigo ya estás participando de un complot con el Kremlin.

Pero tampoco nos tenemos que acomplejar. Si viene una TV rusa me pide una entrevista se la doy. Nos tenemos que explicar con todo el mundo. También España y la UE tiene sus relaciones con Moscú.

De todas formas, nosotros estamos haciendo un proceso radicalmente democrático en una Europa que es democrática y queremos que lo sea de forma más profunda, más valiente respecto con el derecho de autodeterminación y es en este contexto en el que tenemos que trabajar prioritariamente.


El diario The New York Times también publicó una relación entre el acercamiento de Alay a Rusia con el nacimiento de Tsunami Democràtic, una plataforma que sorprendió al asumir estrategias más radicales que la ANC y Ómnium como fue el bloqueo del aeropuerto de Barcelona tras la sentencia del procés. ¿Cómo ha visto usted el surgimiento de este nuevo actor y de los CDRs?


Lo que puedo decir es que la relación entre una cosa y otra es nula. No creo que la reunión haya ido más allá de la traducción de un libro, porque Alay es traductor al ruso y tradujo la novela biográfica de la ex agente de la KGB Yelena Vavilova que inspiró la serie "Americans".

Por otro lado, los movimientos como Tsunami o los CDR responden a un contexto de represión. En un momento en el que el corte de una carretera se puede considerar terrorismo. Lo vimos en el corte de la Jonquera en 2019, donde los detenidos del lado francés de la frontera no recibieron ni una multa y del lado español habrá juicios por desordenes públicos.

En este contexto nacen organizaciones sin liderazgo y sin estar registradas para hacer estas acciones de desobediencia civil sin tanto perjuicio. La ocupación del aeropuerto, por ejemplo, estaba inspirada en las protestas de Hong Kong.

Desde que se puso al frente de la ANC nunca ocultó la radicalidad de sus planteamientos ¿En qué consiste su radicalismo?

En política hay una cierta tendencia a personalizar, pero la ANC no es jerárquica. La Presidencia es la portavoz de un órgano de dirección política son 77 personas y mi voto cuenta como uno más. Por lo tanto, no diría que nos hemos radicalizado con mi presidencia, sino que quizás otros actores políticos han dado un paso atrás en algunos planteamientos.

Desde la ANC siempre dijimos que el éxito lo garantiza el hecho de que el movimiento sea institucional y civil a la vez. 

Desde la ANC siempre dijimos que el éxito lo garantiza el hecho de que el movimiento sea institucional y civil a la vez.

La situación actual ya ocurrió en la primera etapa, cuando estábamos por delante forzando a Mas a poner las urnas. Luego entre 2015 a 2017 logramos un proyecto unitario, se creó Junts por el Si, y la ANC pasó a ser un actor de esta estrategia. Ahora volemos al principio, intentando presionar desde fuera para que se retome el camino.

Llegó a decir que si los soberanistas ganaban las elecciones con el 50% más 1 de los votos Cataluña debía declarar la independencia. ¿No le preocupa la fractura social?

En todos los procesos se aceptan esta regla democrática del 50% más uno, y por esta regla Gran Bretaña salió de la UE. A los europeístas no les gustó pero lo aceptaron. Te planteo la situación al revés. ¿Por qué una minoría puede actuar siempre de bloqueo de una mayoría democrática?¿no podemos ser maduros para aceptar los resultados? Excepto un porcentaje muy minoritario, las encuestas dicen que la gran mayoría está a favor de un referéndum acordado, por lo tanto esta gente aceptará lo que se decida en las urnas.

¿No teme que actuar sin consenso pueda crear un caldo de cultivo para la violencia de esa minoría o impulse el ascenso de la extrema derecha?

Qué tipo de sociedad seríamos si la amenaza de los violentos nos impide llevar a término procesos democráticos ¿No estaríamos cediendo a los violentos?

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