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AMLO enfrenta un test electoral decisivo en medio de la tensión con Estados Unidos
Las elecciones de medio término definirán el grado de hegemonía del oficialismo y la fortaleza de AMLO para definir su sucesor en 2024.

Este domingo México enfrentará elecciones claves para medir la fortaleza del futuro político del proyecto de López Obrador. Se votarán más de 21.000 puestos, entre ellos, los 500 legisladores de la Cámara de Diputados, 15 gobernaciones, 30 Congresos locales y alcaldías claves.

Pero la pelea central se da en el Congreso donde López Obrador aspiraba al inicio del ciclo electoral a alcanzar mayorías especiales para sacar las reformas de fondo que impulsa su proyecto y según los últimos sondeos ahora debería conformarse con mantener su actual mayoría simple.

Actualmente, Morena -el partido de AMLO- tiene una mayoría de 338 diputados, número que se pone a prueba en esta elección junto a la aprobación del presidente en medio de la pandemia.

El ultimo jefe de estado de México que salió fortalecido de una elección intermedia fue Salinas de Gortari en 1992, desde entonces, todos han perdido poder en esta instancia electoral. En ese marco, AMLO se somete a una prueba de fuego para el resto de su sexenio y por eso su narrativa fue tornandose más confrontativa a medida que se fue acercando a al jornada electoral.

Antes de la pandemia, el gobierno mexicano daba por sentado que el control de la Cámara de Diputados estaba garantizado y su partido, Morena, lograría 12 de las 15 gobernaciones. Sin embargo, a una semana de los comicios, el oficialismo el control de la Cámara de Diputados quedaría al límite y solo ganaría entre 5 y 6 gobernaciones.

Antes de la pandemia, López Obrador daba por sentado que Morena ampliaría su dominio de la Cámara de Diputados y se quedaría con 12 de las 15 gobernaciones en juego. Sin embargo, a una semana de los comicios la pelea legislativa está al límite y las encuestas auguran al oficialismo que sólo ganaría la mitad de las gobernaciones.

Las razones para esta caída son varias: un caótico proceso de elección de candidatos en donde muchos se pasaron a la oposición o comenzaron a operar contra el oficialismo, una posible baja participación provocada por la pandemia y la violencia política que favorece a los partidos históricos como el Partido Revolucionario Institucional (PRI) o el Partido Autonomista Nacional (PAN) que cuentan con una estructura territorial más experimentada para la operación política en zonas de conflicto.

Se suma a esto que la economía recién ahora empezó a insinuar un rebote post-pandemia, cuando en las proyecciones iniciales de Hacienda se hablaba de enero como el mes que comenzaría la recuperación.

Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno y candidata de López Obrador a la sucesión en el 2024.


Una derrota oficialista dejaría afectada la gobernabilidad en el segundo tramo de sexenio y la capacidad de sucesión en 2024 en donde existen grupos que se disputan entre sí pero se resaltan los nombres del canciller, Marcelo Ebrard y la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum sin dudas la favorita de López Obrador.

Ambos nombres quedaron afectados por la masacre que causó el hundimiento de la nueva línea 12 del Metro, pero especialmente el canciller porque se trató la obra emblemática de su último mandato como jefe de Gobierno y hace años que enfrentaba severas acusaciones de corrupción y trabajos mal realizados, que ahora se verificaron. Las auditorías en marcha dependen de Sheinbaum, lo que le otorga una herramienta crítica frente a su rival en el proceso de puja interna por la sucesión.

Pero como si el frente interno no bastara, AMLO encara estas elecciones en un contexto de máxima tensión con Estados Unidos. La relación con el gobierno de Donald Trump fue muy buena e incluso, Lopez Obrador llegó a agradecerle en su visita a la Casa Blanca por "no haber tratado a México como una colonia".

El regreso de los demócratas de la Casa Blanca elevó al máximo la tensión con López Obrador, que había construido una relación muy sólida con Trump. El presidente de México acusa a la administración de Biden de financiar ONGs que acorralan a su gobierno con denuncias de corrupción.

El cambio de gobierno en el país del norte vino cargado de tensiones por la situación en la frontera que en marzo tuvo un record histórico de detenciones y el gobierno de México espera que su vecino financie el "programa Bracero" para ayudar a mexicanos ilegales en EEUU.

La relación con la gestión Biden no tuvo exenta de enfrentamientos. Primero fue la DEA por el caso del militar Salvador Cienfuegos a quien Estados Unidos busca extraditar y luego por la denuncia de AMLO al supuesto financiamiento de Estados Unidos a ONGs "opositoras" al gobierno como "Mexicanos contra la Corrupción" del abiertamente opositor, Claudio X González.

Kamala Harris en una de las últimas teleconferencias con López Obrador.


El enojo de AMLO por este tema llegó hasta una nota diplomática y la intención de abordarlo en una reunión bilateral. El presidente mexicano también acusó de opositor al presidente del Instituto Nacional Electoral, vinculado al PAN, por cuestionar las llamadas "mañaneras" del presidente en pleno proceso electoral y inahabilitar a candidatos protegidos por el como Felix Salgado, senador de Guerrero que además está acusado de violación y no podrá ser candidato a gobernador.

Luis Almagro, Secretario General de la OEA, también entró en la ofensiva oficial luego de que el Canciller Ebrard definiera su gestión como "la peor de la historia". La tensión con el uruguayo se remonta al rol de este en el golpe de estado en Bolivia en 2019 y la alianza entre México y Argentina para imponer otro nombre en la conducción del organismo que será observador de los comicios.

Almagro no se quedó atrás y respondió: "Como yo soy buena gente, obviamente por mi parte le deseo que ninguna obra más que él haya hecho como jefe de Gobierno de la Ciudad de México se derrumbe sin perjuicio de mi solidaridad con las víctimas de la línea de metro", en relación al derrumbe de Línea 12.

El lunes, con los resultados electorales sobre la mesa, Lopez Obrador recibirá a la vicepresidenta, Kamala Harris con quien pretende destrabar uno de los principales escollos de la relación bilateral: la crisis migratoria.

Quedarán temas pendientes que, dependiendo el resultado, AMLO definirá el estilo para abordarlo y trabajar para normalizar la relación con Estados Unidos y conducir a su "Cuarta Revolución" al destino pretendido y lograr que algunos de sus sucesores pueda continuar lo iniciado en 2018. 

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