Cataluña
El reto de Illa tras ser investido Aragonès: oponerse al soberanismo sin perturbar a Moncloa
Es el hombre de Sánchez en el Parlament catalán y deberá evitar la connivencia con el Govern al tiempo que resguarda las relaciones de ERC con el gobierno central

Pere Aragonès ha sido investido este viernes después de meses de negociaciones frustradas, y tras avenirse a la agenda independentista radical que le exigían Junts y la CUP.  El candidato de ERC, de carácter pragmático, ha llegado a la Presidencia de la Generalitat con una agenda marcadamente soberanista y la amenaza de la CUP, que exige un referéndum de autodeterminación en un plazo máximo de cuatro años. 

Este nuevo escenario en Cataluña pone en jaque la buena sintonía que ha venido manteniendo Esquerra con el Gobierno central. En los últimos meses, los republicanos se habían convertido en un apoyo fundamental para la coalición liderada por Pedro Sánchez, y su cambio de rumbo podría hacer descarrilar el horizonte del Ejecutivo, ante la amenaza de perder un importante aliado. 

Uno de los papeles más difíciles de afrontar ante la nueva perspectiva es el de Salvador Illa, candidato del PSC que ganó las elecciones, que trabajó codo con codo con Pedro Sánchez en el Palacio de la Moncloa durante los primeros meses de la crisis del coronavirus, y que tiene por delante un reto nada desdeñable: ser un símbolo de oposición al independentismo, evitando cualquier tipo de connivencia con el Govern, y al mismo tiempo contentar a ERC, puesto que es clave para la estabilidad de Moncloa. 

El derrumbe de Ciudadanos en Cataluña ha otorgado al Partido Socialista un papel de referencia frente a las opciones independentistas; un valor que no debe perder para mantener a su electorado, proveniente en parte de la formación naranja, pero que debe saber modular durante los próximos meses. En lugar de una oposición frontal, hasta el momento el dirigente socialista ha abogado por la mano tendida a los republicanos, y este jueves en la primera sesión de investidura pidió a ERC que levantara el veto a su partido. Un discurso que deberá endurecer si el nuevo Govern lleva a cabo sus propósitos y avanza en su desafío de un nuevo referéndum, a riesgo de caer en ciertas connivencias con el independentismo. 

Si bien Illa denunció en el Parlament que el nuevo gobierno catalán "no es el que Catalunya necesita", trató de matizar el tono y deseó suerte al nuevo Ejecutivo, mostrando su confianza en que dure cuatro años y tratando de sacar de la agenda el independentismo y apelando a elementos ajenos a este ámbito: "Empecemos por lo básico, un presupuesto en tiempo y forma que pueda entrar en vigor el próximo 1 de enero", reclamó Illa, que pese a haber ganado las elecciones dio un voto de confianza a Aragonès: "No empieza usted con buen pie, pero juzgaremos por lo que haga en un futuro". "Tendrá toda la lealtad del grupo socialista y toda la exigencia, cuidado que no le fallen antes los apoyos más cercanos", 

Este viernes, poco antes de que saliera adelante la investidura de Aragonés, Illa ha tratado de buscar el equilibrio entre esta labor de oposición y la alianza necesaria del socialismo con ERC para mantenerse en Moncloa. Así, el líder del PSC ha rechazado la posibilidad de realizar un "referéndum pactado" con el Estado, aunque sí ha abierto la puerta a otro tipo de consultas: "Nosotros planteamos, en todo caso, votar un acuerdo, pero no una ruptura", ha defendido en el programa Más de Uno, de Onda Cero. 

[Moncloa usa la investidura de Illa para obligar a ERC a formar un Govern frágil con Junts]

En este punto, Illa ha abogado por que los republicanos puedan plantear "cualquier cosa" en la mesa de diálogo con el Gobierno central, dejando así una mano tendida hacia los republicanos a sabiendas de la necesidad del Gobierno de una mayoría parlamentaria en el Congreso. 

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