Casado afronta una nueva reunión con sus barones en plena batalla interna por el poder territorial
El presidente y García Egea defenderán la OPA a Ciudadanos tras las tensiones en los congresos andaluces y el fracaso de la moción en Castilla y León. El futuro de Mañueco, en el aire

El presidente del PP, Pablo Casado, afronta este martes una nueva reunión con su 'barones'. Pero en lugar de hacerlo tras un batacazo electoral como el de Cataluña, lo hace tras el fracaso de las mociones de censura presentadas por los socialistas en Murcia y Castilla y León para desbancar al PP del poder. 

La idea de Casado es exponer un análisis de lo acontecido estos días y mostrar su hoja de ruta este martes en una reunión de la Junta Directiva Nacional -el máximo órgano del partido entre congresos-, al que asistirán de forma telemática sus cerca de 400 miembros, entre cargos autonómicos, provinciales y parlamentarios nacionales. Aunque se debe reunir cada cuatro meses, no se convoca desde agosto. 

Junto al secretario general, Teodoro García Egea, el presidente de los 'populares' tratará de sacar pecho por haber conseguido abortar el intento de desalojar de la mano de Ciudadanos al PP de dos de los cinco gobiernos autonómicos que preside. Asimismo, defenderá la OPA al partido de Inés Arrimadas con la que trata de acelerar la pretendida reunificación del espacio del centro-derecha en torno a sus siglas. Algo que, en función de los territorios, choca con los intereses de sus dirigentes regionales.

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En Andalucía, Juanma Moreno y Juan Marín firmaron el pasado martes un pacto de no agresión hasta el fin de legislatura para no aceptar el trasvase de cargos impulsado desde Génova en una operación de "puertas abiertas" decretada por García Egea. En esa Comunidad, Casado tiene abierta una guerra por el congreso provincial de Sevilla, con acusaciones de 'pucherazo' incluidas y riesgo de acabar en los tribunales. Es una incógnita si la batalla se replicará en otras plazas aún por renovar, como Huelva, Cádiz, Almería o Jaén.

Por su parte, en Castilla y León sigue reinando la incertidumbre sobre el futuro de Alfonso Fernández Mañueco, que fue expedientado por la contratación de un asesor con el que la dirección nacional había pactado un despido. A pesar de haber conseguido salvar este lunes el sillón de presidente, ha perdido la mayoría absoluta. Además, hace semanas trascendió un presunto plan para relegarle de la dirección regional del partido. Casado se ha desplazado a Valladolid, al igual que hizo en Murcia, para brindarle su respaldo. 

Sin embargo, Salamanca -de donde es natural Mañueco- es uno de los focos que concentran la tensión interna por la decisión de Génova de comenzar la renovación orgánica desde el nivel provincial, en lugar de hacerlo desde el regional como era tradición en el PP. Un extremo que en Galicia también rechaza el presidente Alberto Núñez Feijóo, quien defiende con uñas y dientes su autonomía frente a la voluntad de García Egea. 

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Aunque en la dirección nacional aseguran que el fracaso de la moción en Murcia reforzó de puertas para adentro al secretario general, Casado es consciente de que tiene a los barones en frente. En la anterior reunión del Comité Ejecutivo Nacional -un foro más reducido que la Junta Directiva- sólo tomó la palabra la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso y el presidente del PP de Extremadura, José Antonio Monago.

Ninguno de los otros dirigentes regionales pidió intervenir en una reunión clave, donde Casado anunció la decisión de abandonar la sede de Génova 13. En el orden del día de este martes no está previsto que el líder del PP busque el refrendo de la Junta Directiva para la mudanza. Según los estatutos, antes de cambiar de edificio, Casado necesita recabar el apoyo de este órgano interno. 

El cónclave también tendrá muy presente el panorama electoral abierto por Ayuso en la Comunidad de Madrid con su decisión de adelantar las elecciones. De los resultados que obtenga la líder madrileña depende, en buena medida, la estrategia a futuro del PP. Si no obtiene los votos suficientes, podría verse obligada a integrar a los de Rocío Monasterio en su Gobierno, poniendo patas arriba el giro emprendido por Génova para distanciarse de los de Santiago Abascal. 

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