Sanidad
Claves para frenar a tiempo la enfermedad renal crónica: una vida saludable, y análisis rutinarios de orina y de sangre
Alrededor de un 10% de la población española sufre de algún tipo de dolencia renal.

Generalmente todas las personas nacemos con dos riñones. Estos tienen forma de alubia, y son cercanos al tamaño de un puño. Se encuentran justo debajo de nuestras costillas, uno a cada lado de la columna vertebral. Tienen varias misiones importantes para el funcionamiento de nuestro cuerpo, por lo que el hecho de que se mantengan sanos es fundamental.

"Filtran alrededor de media taza de sangre por minuto, eliminando los desechos y el exceso de líquido del cuerpo para producir orina. También eliminan el ácido que producen las células del cuerpo, y mantienen un equilibrio saludable de agua, sales, y minerales (como sodio, calcio, fósforo y potasio) en la sangre. Sin este equilibrio, es posible que los nervios, los músculos y otros tejidos del cuerpo no funcionen normalmente. También producen hormonas que ayudan a controlar la presión arterial, a producir glóbulos rojos, y a mantener nuestros huesos fuertes y saludables", detalla el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos.

No obstante, en España, según datos de la Sociedad Española de Nefrología (SEN), aproximadamente un 10 % de la población padece algún grado de Enfermedad Renal Crónica (ERC), una patología por la que los riñones están dañados y no pueden filtrar la sangre como deberían. "Este daño puede ocasionar que los desechos se acumulen en nuestro cuerpo y causen otros problemas que podrían perjudicar a nuestra salud", advierte el experto Fernando Tornero Molina, nefrólogo del Hospital La Luz (Madrid) y presidente de la Sociedad Madrileña de Nefrología.

El especialista explica que esta patología se caracteriza por una alteración de la estructura o función del riñón de más de 3 meses de duración: "Es un proceso que presenta una elevada prevalencia en España, por lo que diagnosticarlo a tiempo será vital. Si conseguimos coger a tiempo la enfermedad, el daño sobre el riñón será el menor posible".

Es más, lamenta que esta frecuencia se incrementa de forma "muy significativa" con la edad, de forma que un 22 % de los mayores de 65 años, y hasta un 40 % de los mayores de 80 años presentan la patología. "La ERC suele pasar sin causar síntomas evidentes durante bastante tiempo, de manera que cuando se diagnostica la enfermedad puede estar en una fase avanzada, y en muchos casos ser irreversible el daño. Si bien, se puede detectar en fases tempranas a través de análisis de sangre y de orina", agrega.

De hecho, este nefrólogo defiende que "una maniobra tan sencilla" como una analítica simple de sangre, que incluya las cifras de ‘Creatinina' (que nos permite estimar el Filtrado Glomerular), y un análisis de orina con estudio del sedimento, y la determinación del cociente ‘Albumina/Creatinina' es suficiente para conocer si el paciente la presenta.

Por eso, anima a todos los pacientes a que, pese a la pandemia, no tengan miedo de acudir a un centro sanitario y anualmente realizarse estos exámenes de orina y de sangre que siempre se aconsejan. Según resalta, hoy en día los centros de salud y hospitales han diseñado circuitos libres de coronavirus, y en concreto donde él trabaja, el Hospital La Luz, éste cuenta con la certificación ‘Applus+ Protocolo Seguro frente a la COVID-19' que acredita su cumplimiento de los estándares de desinfección más exigentes contra el SARS-CoV-2.

Así, y en el momento actual, el especialista de Quirónsalud destaca que las causas más frecuentes de una ERC son la Diabetes Mellitus y la Hipertensión arterial. "Como ambas patologías son cada vez más habituales en nuestra población, probablemente en relación con los hábitos de vida poco saludables, no es de extrañar que cada vez sea más normal la presencia de esta enfermedad", lamenta.

SI LA ENFERMEDAD ESTÁ AVANZADA: DIÁLISIS O TRASPLANTE

Aquí alerta de que, en muchos casos, la pérdida progresiva de la función renal que acarrea la ERC lleva a la necesidad de un tratamiento renal sustitutivo (diálisis o trasplante). "En España existe unos 4 millones de pacientes con ERC de los que, anualmente, 6.000 inician diálisis. Cada año la prevalencia de los pacientes que precisan iniciar diálisis se incrementa de forma significativa, lo que supone una gran carga de enfermedad para el paciente, ya que empeora de forma muy significativa la calidad de vida", subraya.

Y es que, según prosigue el presidente de la Sociedad Madrileña de Nefrología, la ERC también conlleva una gran carga para el Sistema Nacional de Salud, dado que los pacientes en diálisis constituyen entre un 0.2 y 0.3 % de la población, pero consumen entre un 2 % y un 3 % del presupuesto sanitario. "Supone un coste 6 veces superior al tratamiento del VIH y 24 veces superior al tratamiento del EPOC", alerta.

Precisa a su vez que un paciente en diálisis cuesta aproximadamente unos 45.000 euros al año. "Por si todo ello no fuera suficiente, la Enfermedad Renal Crónica en diálisis es un proceso con una mortalidad elevada, similar a la del cáncer de pulmón. El Registro de Enfermos Renales en Tratamiento Renal Sustitutivo de la Sociedad Española de Nefrología refleja una mortalidad anual de un 14 %", alerta Tornero.

Además, el experto del Hospital La Luz mantiene que la magnitud del problema es aún mayor teniendo en cuenta el incremento de la morbimortalidad, especialmente cardiovascular, relacionado con el deterioro renal.

A todo ello, cree que habría que sumarle que se trata de una patología no sólo asociada a los hábitos de vida, sino también al envejecimiento, dado que con el paso de los años el riñón va perdiendo función: "Se calcula que a partir de los 40 años se pierde aproximadamente 1 ml/mi por año. Esto hace que, en general, el anciano presente una función renal disminuida respecto a la población joven, lo que le hace mucho más susceptible de padecer una ERC. Además, son personas en los que hay que tener un manejo adecuado de fármacos, especialmente aquellos que son eliminados por vía renal".

Por otro lado, mantiene que la exposición de estos riñones a agentes nefrotóxicos favorece el desarrollo de una ERC. "En nuestro medio, los agentes nefrotóxicos por excelencia son los antinflamatorios no esteroideos. Tanto por su efecto perjudicial sobre el riñón, como por elevar la tensión arterial, son fármacos que deben ser manejados con precaución", advierte.

A juicio del nefrólogo del Hospital La Luz, todas estas circunstancias hacen que la prevención de la ERC y su progresión hacia ERC terminal deba ser uno de los objetivos fundamentales de cualquier programa de salud. 

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