Reino Unido
Johnson amaga con un acuerdo comercial a la australiana en la recta final de la negociación del Brexit
El ultimátum del primer ministro afectaría al protocolo de Irlanda del Norte y complica aún más la relación entre España y Gibraltar

En el sprint final del acuerdo de salida entre Reino Unido y la UE, la propuesta legislativa del primer ministro británico afectaría al protocolo de Irlanda del Norte, punto fundamental en el divorcio, a priori amistoso, que se lleva gestando desde 2017. Este órdago de última hora complica aún más la relación entre España y Gibraltar, además de saltarse la ley internacional

Take back control hasta sus últimas consecuencias. El lema que se convirtió en el buque insignia de la campaña por el Brexit en 2016 en Reino Unido sigue siendo la prioridad de Boris Johnson. Esta semana, el primer ministro británico ha lanzado un órdago a la Unión Europea en pleno sprint final de las negociaciones de salida y es que, si no se alcanza un trato de retirada satisfactorio antes del Consejo Europeo del 15 de octubre, "entonces no veo que haya un acuerdo de libre comercio entre nosotros, y ambos deberíamos aceptarlo y seguir adelante".

 En esta línea, el número 10 de Downing Street amenaza con alcanzar un convenio comercial como el que existe actualmente entre Europa y Australia, es decir, una relación de mínimos en la que rigen las reglas de la Organización Mundial del Comercio, sin ningún tipo de privilegio o miramiento a ambos lados del Canal de la Mancha.

A Johnson no le tiembla el pulso a pesar de haber provocado un tsunami dentro y fuera de sus fronteras: "como Gobierno, nos estamos preparando en nuestras fronteras y en nuestros puertos...tendremos el control absoluto sobre nuestras leyes con nuestras reglas y en nuestras aguas para la pesca. Prosperaremos poderosamente como resultado".

El problema es que este ímpetu contraviene las leyes internacionales pues supondría, entre otras cosas, la eliminación del protocolo con Irlanda del Norte, conditio sine qua non para el establecimiento de una relación fluida y amistosa entre Reino Unido y la UE.

Protocolo de Irlanda del Norte

El pasado 31 de enero, y tras casi tres años de tensas negociaciones, Reino Unido abandonaba el barco de la Unión Europea habiendo superado tres piedras angulares: la fijación de la factura de salida en unos 50.000 millones de euros, la garantía de preservar los derechos de los ciudadanos europeos residentes en Reino Unido y los de los británicos en la UE, y la promesa de una frontera flexible entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte preservando los Acuerdos del Viernes Santo de 1998.

Este último punto es perentorio en el mare magnum del Brexit ya que evita una frontera rígida entre Irlanda e Irlanda del Norte y protege la economía de la isla en su totalidad, velando por la integridad del mercado único de la UE, junto con todas las garantías que ofrece en cuanto a protección de los consumidores, salud pública y sanidad animal, o lucha contra el fraude y la trata de seres humanos. Así, se mantiene a Irlanda del Norte en el territorio aduanero del Reino Unido, de tal manera que pueda beneficiarse de los futuros acuerdos de libre comercio que el Reino Unido pueda celebrar con terceros países a partir de la escisión total del 1 de enero de 2021.

Pues bien, si la propuesta legislativa presentada ayer avanza, la tendencia a la centralización de poder se posiciona, lo que en la práctica significa recuperar competencias de su periferia, con lo cual, el Protocolo de Irlanda del Norte no tendría lugar, con lo que, automáticamente, la negociación de relación futura entre UE y Reino Unido se rompería.

Pacta Sunt Servanda

Por parte de las instituciones europeas, tanto la Comisión como el Parlamento se han pronunciado al respecto. Ursula von der Leyen recuerda que los pactos cerrados y sellados son vinculantes y este gesto socava confianza y rompe con la ley internacional. Sassoli, por su lado, muestra una profunda preocupación por el estancamiento de los pactos, aunque insiste en que, respetando la soberanía de Reino Unido, espera que éste "respete nuestros principios fundamentales, sobre los que hemos sido transparentes y claros desde el principio".

 Sin embargo, la postura de Johnson es tajante: "no podemos y no vamos a comprometer los fundamentos de lo que implica ser un país independiente para conseguirlo".

Gibraltar, jaleado por Londres en su Día Nacional

Visto que, en su propia isla, la noticia de la posible ruptura inapropiada con la UE ha resucitado las voces independentistas de territorios como Escocia, y la convocatoria de un referéndum, Johnson vira hacia el sur y se congratula con Gibraltar cuando el Peñón celebra su Día Nacional. Jornada en la que, curiosamente, se festeja la aplastante voluntad del pueblo de la Roca de pertenecer a Reino Unido expresada, con un apoyo del 99'64%, en el referéndum del 10 de septiembre de 1967, 300 años después del Tratado de Utrech de 1713, por el que fue cedido de España a Gran Bretaña.

Este deseo de soberanía británica entre los llanitos (como también se conoce a los locales de Gibraltar) volvió a ser ratificado en 2002 con un soporte del 98'7%.

Hoy, Johnson alaba la gestión valiente del primer ministro gibraltareño Fabián Picardo en la crisis del Coronavirus puesto que el número de fallecidos al otro lado de la Verja sigue siendo cero. Un reconocimiento en unos tiempos que se antojan complicados, ya que si no hay acuerdo comercial, el cierre de fronteras podría perjudicar y mucho tanto al Campo de Gibraltar en Cádiz como a la vida del llanito.

La UE ha reconocido en varias ocasiones a Gibraltar como una colonia británica, en consonancia con la ONU. España, defiende esta nomenclatura aludiendo que, la situación colonial de Gibraltar destruye la unidad nacional y la integridad territorial de España y es incompatible con la Resolución 1514 (XV), párrafo 6, de 1960, sobre descolonización en general.

El cambio está llegando y sé que el cambio puede ser a veces aterrador, pero los gibraltareños nunca han sido tímidos y reservados, y menos mal, porque no es momento para la timidez

Por todo ello, la Unión Europea, en la cláusula 24 del acuerdo de Retirada, otorgó a España el derecho de veto en el diseño de la relación futura entre España y Gibraltar. De nuevo, una cuestión de soberanía, del Take Back Control.

Con estas palabras, Johnson ha instado a Gibraltar a resistir si se espera una era de éxito tras el Brexit; "El cambio está llegando y sé que el cambio puede ser a veces aterrador, pero los gibraltareños nunca han sido tímidos y reservados, y menos mal, porque no es momento para la timidez", ha concluido.

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