Caso Dina
Iglesias divide al Gobierno: Sánchez le arropa mientras sus ministros fijan un cordón sanitario
El vicepresidente segundo acaparó el martes todos los focos para defender desde La Moncloa las "críticas e insultos" a la prensa

Las distintas facciones en el Gobierno socialista se van delineando a la medida de Pablo Iglesias. El vicepresidente segundo ha vuelto a obligar al resto del ejecutivo a marcar posición, esta vez a causa de su última polémica por su defensa de las "críticas e insultos" a la prensa. Mientras Pedro Sánchez evita condenar la acción del líder de Podemos y le otorga así carta blanca, algunos de los ministros más alejados de sus tesis tratan de distanciarse para fijar un cordón sanitario entre socialistas y morados.

Desde hace días Iglesias se ha visto envuelto en el laberinto del Caso Dina, una pieza judicial en la que empezó como perjudicado -condición que le fue retirada- y en donde ha pasado a ser un posible investigado, a falta de la decisión del juez Manuel García Castellón, que podría imputarle los delitos de revelación de secretos y daños informáticos, después de que el dirigente guardara durante meses una tarjeta con imágenes íntimas de su asesora sin su consentimiento -con el objeto de "protegerla"- y después le entregase el material dañado.

Sin embargo, el líder de Podemos volvió a dejar patente su habilidad para manejar la agenda, introduciendo temas controvertidos y desviando así el foco de otros asuntos menos favorables políticamente. Es por ello que, a raíz de las informaciones judiciales, tanto el partido como el propio vicepresidente del Gobierno iniciaron una campaña contra los periodistas y medios de comunicación que publicaban estas noticias. La polémica, ya amortizada por los morados, ha obligado a moverse a los miembros socialistas del ejecutivo. 

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Una toma de posiciones que se hizo casi obligada tras las declaraciones de Iglesias este martes, cuando convirtió en un asunto de Gobierno lo que hasta entonces se había mantenido en la esfera de su partido. Su defensa desde el complejo de La Monlcoa de las "críticas e insultos" a periodistas  no han dejado a nadie indiferente, pero las posiciones entre las filas del PSOE son muy distintas. 

Un sector de los socialistas apuesta por la incomparecencia: evitar pronunciamientos sobre el vicepresidente Iglesias y evitar verse contaminados por sus polémicas. Una postura encaminada a dejar que el dirigente se "queme" y evitar un desgaste colateral del Gobierno al completo, señalan fuentes socialistas. En esta posición estaría enmarcado el propio presidente Pedro Sánchez, que en los últimos días ha reiterado su negativa a pronunciarse sobre el caso dando así oxígeno a su vicepresidente segundo. 

El pacto de no agresión entre Sánchez e Iglesias cuadra con la buena relación que mantienen los dirigentes, que se reúnen en privado al menos una vez a la semana

Este pacto de no agresión cuadra con la buena relación que el líder del Ejecutivo ha mantenido con Iglesias en los últimos meses. Influido por su asesor de cabecera, Iván Redondo, que ha confesado su admiración por el líder morado, Sánchez es consciente de que su futuro en Moncloa pasa por complacer al que hace menos de un año declaró como el origen de sus desvelos. 

La supervivencia del Gobierno socialista pasa por los morados, y unas turbulencias en las relaciones entre ambos partidos podrían descarrilar la legislatura hacia unas nuevas elecciones anticipadas. El presidente mantiene el control de los tiempos y es por ello que trata de apaciguar y evitar la confrontación con el perfil más provocativo de su ejecutivo, con quien mantiene almuerzos semanales en Moncloa y al único al que deja acceder a su vivienda particular. 

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Pero mientras Sánchez arropa con su silencio a Iglesias, despuntan otros ministros que no se muestran tan cómodos con las posiciones del vicepresidente. Consideran que los desplantes de un miembro del Gobierno podría acabar salpicando al Ejecutivo al completo y es por ello que tratan de confrontar con el dirigente y marcar así distancias entre morados y socialistas. Este papel ha sido abanderado en las últimas horas por la ministra de Defensa, Margarita Robles, que fue quien se opuso con más contundencia al último episodio de Iglesias.

Una facción de Gobierno considera que los desplantes de Iglesias podrían acabar afectando al ejecutivo en su conjunto, y tratan de marcar distancias con el vicepresidente

 "Sí puedo decir que no comparto que Pablo Iglesias justifique los insultos. Creo que en una sociedad democrática los insultos no pueden ser nunca justificables, ni en las redes sociales ni en ninguna parte. Tenemos que construir una sociedad basada en el respeto y la tolerancia. La crítica es muy sana en democracia, pero el insulto en lo que tiene de descalificación, de destrucción de puentes, creo que no es aceptable y también tengo que decir que los medios de comunicación son el oxígeno de la democracia y no comparto las críticas ni las descalificaciones que se puedan hacer a los medios de comunicación", aseguró Robles este miércoles. 

En esta línea se expresó también la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, que intentó aclarar que la posición de "todo el Gobierno" es de respeto al trabajo de los medios de comunicación, "que forma parte de un derecho de la estructura de las libertades de nuestro país, que es la libertad de expresión". El Gobierno, ha añadido, "respeta a los medios tanto cuando nos son proclives como cuando no. El Gobierno tiene que ocupar su lugar y su lugar es el respeto a los medios y a su pluralidad". También la titular de Exteriores apeló al respeto: "Vivimos en democracia y es enormemente importante que la expresión se haga con respeto", dijo. 

Este nuevo episodio alimenta las tensiones también en el seno socialista. El malestar en Ferraz está presente desde hace meses debido las salidas de tono del vicepresidente. En esta ocasión ya se han alzado algunas voces para pedir contundencia a la hora de condenar este tipo de acciones. Ha sido el caso de la eurodiputada socialista y ex número dos del PSOE Elena Valenciano, que a través de las redes ha pedido a "combatir los insultos" y a hacerlo "sin matices", al considerar que el Gobierno "representa a toda la ciudadanía". 

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