Investidura
Susana Díaz ahora avala el pacto de Sánchez con ERC para salvar su futuro en el PSOE-A
La dirigente andaluza fue la única representación de los líderes autonómicos del PSOE, que han evitado acudir a la investidura de Sánchez tras su acuerdo con el independentismo

"No puede haber concesiones a los independentistas que quieren destruir este país". Susana Díaz se pronunciaba así a finales de mayo de 2018 en el último Comité Federal antes de la moción de censura que dio a Pedro Sánchez la presidencia del Gobierno. La baronesa había perdido un año antes la batalla por la secretaría general del PSOE pero aún trataba de marcarle el camino al líder socialista. 

Este sábado, un año y medio después, Díaz ha sido la única líder autonómica del PSOE que ha acudido a la sesión de investidura de Pedro Sánchez. Y lo ha hecho nada menos que para mostrar su apoyo al que fuera su enemigo íntimo y para restar importancia al acuerdo alcanzado con ERC. Un giro discursivo que sólo se explica en su delicada situación que afronta dentro del partido, donde ve amenazada su continuidad al frente del PSOE-A. Su futuro está en manos de Sánchez. 

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No es el primer giro en la carrera de Susana Díaz. La andaluza apoyó a Sánchez en su carrera por la secretaría general en 2014 frente a Eduardo Madina, y le brindó todo el peso de la federación más numerosa del partido. En aquel momento, la dirigente se contuvo a la hora de dar el salto nacional por lo arriesgado de la operación, ya que el principal adversario, Madina, estaba apoyado por el ex líder socialista Alfredo Pérez Rubalcaba. Díaz sólo mantuvo la quietud unos meses tras la victoria de Sánchez, y un año después ya cuestionaba entre los suyos el liderazgo del nuevo secretario general y antiguo aliado. 

Desde entonces Diaz mantuvo un pulso interno con el objetivo de exhibir protagonismo nacional, y el escenario tras las repetición electoral de 2016 fue la ocasión propicia. El intento de Sánchez se explorar alianzas con Podemos apoyadas por los independentistas se encontró con la oposición frontal de Díaz que, contraria a los pactos con el soberanismo, aglutinó en torno a sí a pesos pesados del PSOE para frenar sus aspiraciones. El resultado fue la dimisión de Sánchez tras un Comité Federal agónico donde dimitieron 17 miembros de su ejecutiva. Una gestora del PSOE plagada de susanistas llevó al partido a la abstención de la investidura de Mariano Rajoy. 

En las primarias posteriores, Díaz enfrentó a Sánchez con grandes apoyos dentro del socialismo. Pero no contó con el 'relato' de un Sánchez defenestrado que prometía devolver el poder a sus bases. La baronesa perdió la batalla pero mantuvo el pulso soterrado con el líder socialista, en la medida en que contaba con una federación clave del socialismo y con el poder de la Presidencia de la Junta de Andalucía. 

De renegar de Sánchez y adelantar elecciones a validar sus pactos

La dirigente mantenía su agenda propia hasta el punto de que convocó un adelanto electoral a finales de 2018 para no evitar que su campaña se viera contaminada por Sánchez. Y de nuevo, otro revés en las urnas. El PSOE perdió por primera vez el Gobierno en Andalucía y Díaz pasó de la noche a la mañana de ser una de las mujeres más poderosas del PSOE a quedar a expensas de su antiguo enemigo. 

Perdido el Palacio de San Telmo, Díaz trató de suavizar su relación con el secretario general socialista, pero mantenía sus posiciones en asuntos tan delicados como la relación con el independentismo. Algo a lo que también ha renunciado en los últimos meses. 

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El cambio tuvo su puntilla definitiva en la sentencia del caso ERE, que afectaba a dos ex presidentes socialistas. Esto fue interpretado dentro del PSOE, controlado absolutamente por el sanchismo, como un síntoma del final de la etapa de Susana Díaz en Andalucía y como la oportunidad de materializar la venganza Sánchez sobre su rival política situando en su puesto a un cargo más afín. 

Es entonces cuando el viraje de Díaz fue total. Y desde entonces, la ex presidenta andaluza no sólo evita las críticas a Sánchez sino que defiende su proyecto. Un papel que le devuelve la utilidad a la dirigente en la lógica de Sánchez: si una de sus peores enemigas no censura su política de alianzas, valida de alguna forma sus pasos. 

A este nuevo papel legitimador se aferra Díaz para mantenerse en el cargo de secretaria general del socialismo andaluz ahora que ve peligrar su futuro político. Fue significativo el hecho de que fuera la única líder territorial que acudió este sábado a apoyar a Sánchez en una sesión de investidura donde fue sonada la ausencia del resto de barones socialistas.

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