Maycruz Arcos, directora del Centro de Documentación Europea de la Universidad de Sevilla
"La Unión Europea corre el riesgo de convertirse sólo en un gran mercado"
La 'Constitución' europea cumple 10 años y con ella la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión que busca cohesionar el sistema político a través de principios y valores

Este domingo 1 de diciembre el Tratado de la Unión Europea, el Tratado de Lisboa, cumple 10 años y, con él, la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión. En un momento en que el proyecto europeo de integración se ve amenazado por los desafíos populistas y nacionalistas, y lucha por consolidarse como un sistema político basado en principios y valores más allá del mercado, LPO entrevista en su despacho a Marycruz Arcos, profesora de Derecho Internacional Público y directora del Centro de Documentación Europea de la Universidad de Sevilla (US).

¿Qué ha supuesto el Tratado de Lisboa para el proceso europeo de integración?

Sustancialmente (que no formalmente), ser la primera constitución de la Unión Europea. A pesar de que en un principio fue una tremenda decepción porque resultó la opción ‘b', cuando no salió el Tratado por el que se establecería una constitución en Europa, sí que fue la llave para resolver la complejidad de pilares de cooperación e integración que le precedieron y que generaban desafección y confusión entre la ciudadanía. La actual UE se reordenó en todo un sistema político.

Estamos ante una gestión multinivel. Los Estados miembros, que son soberanos, mantienen el poder de decisión en muchas materias en común y eso se ha de articular junto las decisiones que, en nombre de todos, toman las instituciones europeas en aquellas competencias atribuidas.

¿Qué hay que celebrar en el X aniversario de Lisboa?

Celebramos que hemos puesto la casa en orden. Tenemos un texto constitucional que no teníamos antes ni con Maastricht ni con Niza, ni con ningún acuerdo previo. Esto nos permite reordenar un sistema competencial, contar con una Carta de Derechos Fundamentales, marcar unos objetivos claros y, por primera vez, recoger por escrito los valores y principios de la Unión Europea.

Valores que siempre se encontraron en el espíritu del proceso europeo de integración, pero que necesitaban ser redactados negro sobre blanco. Y están en mi Artículo favorito, el número 2 del Tratado de la Unión Europea: Democracia, Estado de Derecho, Respeto a la dignidad humana, Protección de las personas pertenecientes a minorías étnicas e Igualdad.

¿Qué ocurre cuando alguno de estos valores se encuentra en la cuerda floja como sucede en la Polonia de Kaczynski o en la Hungría de Orbán?

Polonia ha sido llevado en dos ocasiones por la Comisión Europea ante el Tribunal de Justicia de la Unión por vulnerar una de las premisas del Estado de Derecho que defiende Lisboa, la separación entre el poder político y el judicial. En el caso de Hungría, ha sido el propio Parlamento Europeo el que ha instado a los Estados Miembros a actuar ante la vulneración reiterada de independencia judicial, libertad de expresión, el derecho de las minorías, o el trato a inmigrantes y refugiados. Todo ello, mediante el Artículo 7 del Tratado de Lisboa.

¿Qué regula el Artículo 7? ¿Es el botón rojo en versión europea?

Que exista es ya un gran avance. Se plasmó en el Tratado que nos ocupa con el deseo de no tener que ser activado nunca, pero en este caso, los gobiernos de ambos países están dictando normas contrarias a la esencia europea. Y sí, se podría definir como el botón rojo de la UE, ya que en última instancia podría conllevar la suspensión de voto en el Consejo de los Estados infractores.

¿No cree que la respuesta de la UE a infracciones graves como las mencionadas es muy lenta con respecto a las reacciones europeas en el campo de la economía?

Absolutamente sí. Además, esta asimetría entre la faz política y la económica provoca descrédito entre la población. Corremos el riesgo de convertirnos solo en el gran mercado, pero hoy por hoy, la UE tiene competencias 'hard' en el terreno económico y otras 'soft' en el político. Por todo ello, aunque pausadamente, el objetivo es convencer, no imponer. Debemos evitar una revolución de peticiones de salida de la UE.

La UE tiene competencias 'hard' en el terreno económico y 'soft' en el político; el objetivo es convencer, no imponer. Debemos evitar una revolución de peticiones de salida de la UE

Esperemos que en breve se pronuncie el Tribunal de Justicia de la UE con respecto, por ejemplo, a la edad de jubilación de jueces hombres y mujeres en Polonia, evitando discriminación por razón de sexo, o que el diálogo con Hungría devuelva libertades tan básicas como la de expresión o el respeto a personas inmigrantes. 

Con el Tratado de Lisboa, también se celebra la entrada en vigor de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE ¿Qué es y cómo nos protege?

El 1 de diciembre de 2009 también entra en vigor la Carta de Derechos Fundamentales de la UE con el mismo valor jurídico que el Tratado. El fin de dicha declaración es poder aplicarse y reclamar posible incumplimiento por parte de las instituciones europeas.

No fue fácil redactar esta carta porque había que poner de acuerdo a diversos Estados con tradiciones constitucionales diversas sobre el mínimo de derechos garantizados. Se contó el consenso de sociedad civil, parlamentos nacionales, instituciones europeas y representantes de los Estados Miembros. Y aquí la tenemos, defendiendo derechos como la Protección de Datos (de rabiosa actualidad), la Libertad de Pensamiento, de Conciencia y de Religión, o la Libertad de Expresión e Información.

Sin embargo, es la gran desconocida. En el eurobarómetro del mes de junio los datos subrayaban que solo 4 de cada 10 encuestados conocía la existencia de dicha Carta, y solo 1 de cada 10 su contenido. ¿A qué se debe?

La Carta no es un hecho 100% novedoso en sí. Todos los miembros de la UE, como requisito de entrada en el club, deben respetar la Declaración Universal de Derechos Humanos y suscribir la Convención Europea de Derechos Humanos y Garantías Fundamentales del Consejo de Europa.

En lo que debemos hacer hincapié es en que nuestra Carta nos protege de posible vulneración de los derechos (en ella recogidos) por parte de las propias instituciones europeas. Hasta que no entró en vigor, en ese sentido éramos unos huérfanos.

¿Necesitaríamos un Hollywood que la mencione tantas veces como el cine norteamericano a la Declaración Universal de Derechos Humanos?

Quizás sí. Debemos aunar celebraciones para focalizar los hitos de este proyecto único de paz en el mundo el 9 de mayo, Día de Europa que muchos colectivos ya están solicitando como día festivo en los países que la formamos. Fecha que rememora el momento en 1950 en que el ministro de Exteriores francés Robert Schuman, tras una II Guerra Mundial devastadora, soñó todo lo que vino después. Una Unión Europea en continua construcción.