Pactos de Gobierno
Pedro Sánchez no irá a otra investidura fallida y contempla enero como una opción para formar Gobierno
El líder socialista no está dispuesto a arriesgarse a una nueva sesión de investidura fallida tras el fracaso de verano y la debilidad sufrida tras los resultados electorales

Todos los votos atados antes de exponerse a un nuevo fracaso. El plan de Pedro Sánchez pasa por una sesión de investidura en la que tenga asegurada una mayoría para ser nombrado presidente de Gobierno, y está dispuesto a cambiar las fechas inicialmente previstas y a renunciar a su promesa electoral de que habría Gobierno antes de final de año con tal de evitar un nuevo golpe. 

La fragmentación parlamentaria y la dificultad de sumar mayorías han llevado a que los últimos comicios vengan sucedidos de largos periodos de negociaciones; unos periodos que no están limitados en la Constitución, y cuyos plazos para formar Gobierno solo empiezan a correr a partir de la primera sesión de investidura. Con objetivo de evitar este episodio, el líder socialista prometió durante la campaña electoral que si las fuerzas progresistas sumaban, formarían Gobierno antes de final de año. 

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Sin embargo, la dependencia de ERC para que la investidura salga adelante y las difíciles negociaciones con el independentismo, que pide más tiempo, podrían alterar su calendario. La semana prevista para la investidura es la del 16 de diciembre y la ronda de consultas con el Rey debería celebrarse la semana anterior. Unos plazos que obligarían a PSOE y ERC a rubricar sus acuerdos la próxima semana, cuando tienen prevista una reunión el martes 3 de diciembre a las 17 horas. 

Desde Esquerra buscan dilatar las negociaciones para poder pacificar y unificar al partido, y desde la ejecutiva del PSOE estarían dispuestos a esperar a enero antes que arriesgarse a un nuevo 'no' que dejaría a Sánchez todavía más debilitado. En julio el presidente en funciones ya fue rechazado en dos sesiones de investidura, y las elecciones de noviembre han dejado al socialista aún más debilitado, al haber perdido representación. 

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En esta situación, Sánchez no puede exponerse a otro fracaso que minaría su liderazgo y abriría grietas entre los suyos, ya divididos sobre las negociaciones con ERC. La apuesta de Sánchez es alta, con una coalición con Podemos y una negociación con los independentistas, y precipitar los plazos podría suponer un golpe en la línea de flotación. Es por ello que el líder socialista no descarta retrasar sus planes más allá de final de año si para ello tiene garantizado su elección.