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Florentino Pérez y Galán: historia de una enemistad, con Villarejo, ZP y Miguel Sebastián como secundarios
El presidente del Real Madrid y el de Iberdrola han fraguado una enemistad personal a fuego lento durante años

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y la constructora ACS, anunció ayer que se personará en la causa personal abierta contra el ex comisario José Manuel Villarejo que investiga la presunta contratación por parte de Iberdrola para espiarle.

Todo ello tuvo lugar a finales de la pasada década. ACS, que controlaba la eléctrica Unión Fenosa, comprada a Santander y ‘robada' in extremis al mismísimo Amancio Ortega, a quien el propio banco comunicó la venta antes de que Pérez apareciera pagando un sobreprecio, entró también con un paquete significativo en Iberdrola.

La entrada supuestamente era pactada e incluso a petición del propio presidente Ignaco S. Galán, que lograba con este paquete presuntamente ‘amigo', blindarle de futuras OPAs. Conviene recordar que eran años convulsos: Endesa había sido colocada a la pública Enel después de un cambalache de Opas en el que estuvo directísimamente implicado el Gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, a través de la Oficina Económica de Moncloa, que dirigió Miguel Sebastián y posteriormente el fallecido David Taguas.

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Precisamente, en esa guerra de Opas estuvo también implicada la constructora Sacyr, que lanzó una oferta sobre BBVA con un gran aval: el apoyo del Gobierno, a través de la citada Oficina Económica. Miguel Sebastián había sido director del servicio de estudios de BBVA, de donde fue despedido por el propio Francisco González, que ayer mismo declaraba ante el juez por, presuntamente, haber contratado también los servicios de Villarejo. Un embrollo digno de la mejor serie de Netflix.

La llegada de Pérez a Iberdrola y su inmediata petición de puestos en el consejo fue interpretada por Galán como un intento de asalto a la compañía, con la mediación en la distancia de Sebastián y Zapatero.

A partir de ahí se desarrolló una batalla terrible, con movilización máxima de abogados, bancos de inversión, consultores variados y campañas de prensa. Con la crisis ya estallada, la cotización de Iberdrola cayó alrededor del 50%, lo que, paradójicamente, hizo que la financiación a través de unos derivados ya suscritos por parte de ACS fuera insostenible.

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Lo de ACS fue terrible también. Cayó en picado en Bolsa. Algunos de sus principales accionistas, como los primos Alberto Cortina y Alberto Alcocer, sufrieron ejecuciones en sus paquetes accionariales.

Una lucha con mucho desgaste y en la que ambos presidentes pudieron salvar los muebles, aunque la vida ya no volvió a ser la misma. ACS tuvo que reducir tamaño, deuda, vender activos, y lo mismo ha valido para Iberdrola.

Lo que parece no haberse enfriado es una enemistad personal entre Pérez y Galán, cocida a fuego lento en unos tiempos en los que se cocinaban opas y contra opas desde el Palacio de la Moncloa y el Gobierno ZP, en groseros intentos por descabezar de las presidencias de las empresas del Ibex a aquellos presidentes que fueron puestos en su día por el PP.