Pactos de Gobierno
Sánchez e Iglesias precipitan el acuerdo para evitar presiones y olvidar el fracaso del 10N
El líder socialista esquivó los movimientos de algunos sectores de PP y Cs que empezaron a moverse para defender un gobierno del PSOE con el apoyo de Cs y la abstención condicionada del PP

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han precipitado la firma del preacuerdo de investidura y legislatura para olvidar cuanto antes el fracaso de ambos en las elecciones del domingo y sobre todo para evitar las presiones que empezaban a llegarle al PSOE para que buscara algún tipo de alianza con el PP y Ciudadanos.

Sánchez e Iglesias han resuelto en 24 horas lo que fueron incapaces de hacer en seis meses. Dirigentes del PSOE reconocen que el pacto es un triunfo del líder de Podemos que no solo ha logrado que haya gobierno de coalición si no que ha pasado de estar vetado a ser vicepresidente, tal como adelantó LPO.

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Como se publicó el domingo en LPO, en La Moncloa llevaban días ya resignados a que tendrían que aceptar la coalición con los morados porque las elecciones no iban a ir bien y no se podían arriesgar de ninguna manera a una tercera cita con las urnas.

El revés del domingo por la noche con la pérdida de tres diputados, 750.000 votos y la mayoría absoluta del Senado acabó de vencer las últimas reticencias. El sueño de Redondo y Tezanos había fracasado y había que activar el plan B.

Sánchez no quería un nuevo proceso interminable de negociaciones que diera alas a las presiones que llegan a Ferraz para un acuerdo con el PP

Sánchez no quería un nuevo proceso interminable de negociaciones que siguiera desgastándole y diera alas a las presiones que desde la misma noche del domingo comenzaron a llegar a Ferraz y a La Moncloa para forzar algún tipo de acuerdo entre el PSOE y el PP.

Sectores de ambos partidos se estaban empezando a mover para defender no una gran coalición sino un gobierno del PSOE con el apoyo de Ciudadanos y la abstención condicionada del PP. Una fórmula respaldada también desde el mundo financiero y el Ibex 35 que daría más estabilidad y permitiría afrontar algunas de las grandes reformas que llevan años empantanadas. Este mismo martes, el editorial de El País pedía un acuerdo entre las fuerzas constitucionalistas.

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La mayoría de la dirección actual del PSOE no quería ni oír hablar de esta opción y en el equipo más cercano a Pablo Casado en el PP tampoco convencía porque era dejar la oposición en manos de Vox.

Así las cosas, Sánchez se vuelve a reinventar olvidándose del riesgo de tener dos gobiernos en uno, de no poder dormir por las noches, o de que Podemos defienda el derecho de autodeterminación de Cataluña o considere que los líderes independentistas condenados por el Supremo son presos políticos.

El preacuerdo no garantiza en números la investidura, pero nadie duda de que en segunda vuelta saldrá adelante con el voto a favor del PNV, los tres parlamentarios de Errejón, el del BNG, el de Teruel Existe y el del partido de Revilla y la abstención probablemente de Esquerra Republicana de Cataluña. El PSOE intentará de todas formas lograr la abstención de un Ciudadanos roto y sin líder.

Muchos cargos del PSOE muestran su inquietud por la abstención de ERC, ya que la gobernabilidad quedaría en sus manos

Si la abstención es finalmente de Esquerra, la gobernabilidad quedará en sus manos y eso inquieta a muchos cargos del PSOE teniendo en cuenta la situación en Cataluña y que en las próximas semanas pueden empezar a salir de prisión durante el día algunos de los condenados por el procés. En su primera reacción, el presidente extremeño Fernández Vara ha dicho en Twitter que espera que se logre una mayoría sin independentistas.

Precipitando el acuerdo, Sánchez e Iglesias evitan posibles obstáculos en el camino como la sentencia de los ERE de Andalucía que se conocerá la semana que viene y cambian además la agenda informativa. Deja de hablarse de los malos resultados electorales de ambos para centrarse todo en la investidura, el nuevo gobierno y las políticas que quieren llevar a cabo. Se trata por cierto de un acuerdo histórico, el primer gobierno de coalición desde el año 78.

La casualidad quiso por cierto que ambos se dieran el abrazo que sellaba el pacto en la misma esquina de la sala del comedor de gala del Congreso en la que Rajoy se negó a darle la mano a Sánchez en las tensas reuniones de 2016.