Elecciones 10N
Un Sánchez debilitado vuelve a quedar en manos de Podemos y los independentistas
Pedro Sánchez y su equipo plantearon la repetición electoral como un plebiscito para poder gobernar en solitario y lo han perdido

Pedro Sánchez y su equipo de confianza plantearon la repetición electoral como un plebiscito para poder gobernar en solitario y lo han perdido. En la Moncloa, el jefe de gabinete del presidente, Iván Redondo y el responsable del CIS, José Félix Tezanos alimentaron durante meses el sueño de lograr el 35% de los votos y más de 140 diputados y al final, el PSOE sale del 10N más débil. Han perdido 3 escaños, 800.000 votos y la mayoría absoluta que tenían en el Senado.

Los peores augurios de muchos de los dirigentes territoriales del partido se cumplieron. Repetir las elecciones tras el fracaso del gobierno de izquierdas y con Cataluña incendiada por la sentencia del procés era una ruleta rusa que no podía acabar bien. Los grandes vencedores de la noche han sido el PP que sube más de 20 escaños y sobre todo la extrema derecha de Vox que se ha disparado hasta los 52 diputados.

A pesar del fracaso, nada se moverá en el PSOE porque tampoco nadie cuestionó en público estos meses la errática estrategia negociadora con Podemos ni la decisión de forzar las nuevas elecciones.

El PSOE pierde la mayoría absoluta en el Senado y queda en manos del nacionalismo

Sánchez tiene ahora tres opciones: una, buscar la gran coalición para gobernar con el PP; algo que en España sigue siendo una quimera; la segunda, intentar un nuevo gobierno "Frankenstein" con Podemos, Errejón, PNV y ERC. Un pacto con el que no podía dormir tranquilo hasta hace unas semanas pero que ahora se presenta como el más probable porque la tercera opción, las terceras elecciones si que se descartan en Ferraz ante el riesgo de que el voto de castigo aumente.

Durante la noche electoral se alimentaron otras posibilidades para no depender de los independentistas juntando en el mismo saco a Ciudadanos, Podemos, PNV y los regionalistas. No parecen realistas.

Los de Abascal se frotan las manos ante un gobierno que dependa de los partidos catalanes porque seguirán incendiando la situación.

Así que seis meses después, volvemos a empezar, pero con un escenario todavía más complejo. El PP mejoró notablemente los resultados, pero no tuvo mucho que celebrar porque tiene a la ultraderecha en los talones, marcándole el terreno a un Casado que intentaba moderarse. Los de Abascal se frotan las manos ante un gobierno que dependa de los partidos catalanes porque seguirán incendiando la situación.

El drama lo vivió Ciudadanos. Rivera no confirmó su dimisión, pero su discurso sonó a despedida. Hace año y medio, encabezaba las encuestas, hace seis meses estuvo a punto de sobrepasar al PP y hoy el partido naranja parece al borde de la desaparición.

Tampoco hubo fiesta en la sede de Unidas Podemos que también pagó la incapacidad de formar gobierno. Hace tiempo que Pablo Iglesias se tiene que conformar con salvar los muebles. Vuelve a exigir la coalición al PSOE, pero también sale debilitado. La división de la izquierda fue de nuevo un mal negocio porque Errejón solo consiguió tres diputados pero sus votos en otras 16 provincias se fueron directamente a la papelera.

Tras cuatro años de bloqueo, el panorama no mejora y crece la sensación de que, aunque se logre formar gobierno, será tan precario que en un par de años habría que volver a votar.