Madrid
El Gobierno de Ayuso cumple un mes y medio con la relación PP-Cs congelada
La afinidad entre la presidenta de la Comunidad de Madrid y su número dos, Ignacio Aguado, se ha enfriado desde que ocuparon la Puerta del Sol. La tensión entre ambos equipos es evidente, igual que en el resto de formaciones autonómicas que ya se preparan para el 10N

Con frialdad. Así conviven Isabel Díaz Ayuso e Ignacio Aguado en la Puerta del Sol. Su Gobierno, el primero de coalición en la historia de la Comunidad de Madrid, cumple mes y medio de vida sin haber estado exento de polémicas; la última la de la propia presidenta reconociendo en una entrevista que hay "dos gobiernos en uno". 

Tras los rifirrafes habituales en la negociación previa, en la que la candidata popular tuvo que intermediar entre su socio naranja y el apoyo indispensable de Vox, el presidente de Cs en la Comunidad de Madrid comenzó a diferenciarse de la otra mitad del Ejecutivo con una campaña en la que presentaba al "equipo Ciudadanos" sin contar con la parte del PP.

El PP teme una operación de Cs para destituir a Díaz Ayuso y ocupar la Presidencia de la Comunidad

Lo hizo, además, antes de tiempo, ya que la norma de cortesía no escrita en la región establecía que debía ser la presidenta quien, tras su toma de posesión, anunciase públicamente al resto de miembros del Consejo de Gobierno. Ayuso no quiso dar más importancia a la cuestión, pero el bipartito no comenzó su andadura con buen pie: las críticas cruzadas sobre los dirigentes de algunas consejerías no se hicieron esperar, aunque se produjeran siempre fuera del tiro de cámara. Enrique López al frente de Justicia e Interior no gustó en las filas naranjas, del mismo modo que en el PP vieron el nombramiento de Ángel Garrido como una provocación.

Ejemplo de la desconfianza de mutua son las ruedas de prensa compartidas que se producen para informar a la prensa todos los martes de los acuerdos adoptados en las reuniones del máximo órgano del Ejecutivo. Ninguno de los partidos quiere dejar protagonismo al otro sin fiscalizarse mutuamente. 

El consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, y la líder de Vox en la Asamblea, Rocío Monasterio.

Sin embargo, las agendas de Ayuso y Aguado van por separado. En las cuentas oficiales de uno y otro partido, así como en la propia de la Comunidad de Madrid, apenas existen fotos en las que se les vea juntos, ni siquiera cuando han coincidido en el mismo acto, como es el caso del aniversario del periódico El Mundo de esta semana. 

Este jueves, en la Asamblea de Madrid, las tensiones quedaron en evidencia. Apenas se hablaron durante el rato que ocuparon sus escaños para hacer frente a la oposición y en los pasillos ni siquiera se cruzaban. Ella, sentada en un banco. Él, de pie en la otra esquina. Cada uno, con sus correspondientes asesores. Pendientes del teléfono. Lejos. 

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La situación es tan delicada que Aguado no quiso evitar ahondar división que cada vez cuesta más ocultar y apoyó a la presidenta tras sus polémicas declaraciones sobre la exhumación de Franco y el temor a que se vuelvan a "quemar parroquias, como en el 36". Pero en su entorno afirman que cuesta defender "lo indefendible". 

"Están empezando, es una situación excepcional, se están conociendo", son las frases más repetidas desde las filas populares. En las naranjas, en cambio, hay quien reconoce que les cuesta mucho no hacer oposición desde la tribuna de la Cámara autonómica, que es a lo que estaban acostumbrados en los cuatro años anteriores. 

En la cafetería tampoco mejoran demasiado las cosas. Aunque unos y otros diputados se saludan cordialmente, al final terminan sentados en sus mesas correspondientes; mientras sus equipos de comunicación se afanan en organizar imágenes públicas en las que aparecen "mezclados".

En la cafetería tampoco mejoran demasiado las cosas. Aunque unos y otros diputados se saludan y charlan cordialmente, al final terminan sentados en sus mesas correspondientes; mientras sus equipos de comunicación se afanan en organizar las imágenes públicas para que los dos equipos del Gobierno salgan "mezclados". Todos reconocen que tienen trabajo por hacer hasta que eso les salga de forma natural y no forzada por obligación mediática. PP y Ciudadanos sienten la presión de sus cúpulas nacionales, que cada dos por tres les ponen como ejemplo de "estabilidad" y "capacidad para pactar".

La tensión en la izquierda

Pero Ciudadanos y PP no son los únicos que viven con tensión la nueva etapa en la región: el nacimiento de una nueva era bicolor en la Real Casa de Correos y en el Parlamento. La división entre Podemos y Más Madrid, provocada por el nacimiento del nuevo partido de Errejón no hace más que acrecentarse.

Rebelión en la Asamblea por el juego del 'escondite' de Errejón

Todos los partidos han sido muy críticos con las "ausencias" del líder ahora de Más País en la Asamblea de Madrid. Le acusan de no haber querido nunca dedicarse a la política local, de no preocuparse por los madrileños y de cobrar a costa de ellos en su etapa de impasse entre el Parlamento de Vallecas y su vuelta al Congreso de los Diputados. Pero los más duros con él son sus excompañeros de Podemos. "No nos extraña, todos conocíamos su ego", responden unos y otros tras ser preguntados por la situación actual. 

Las pullas se cruzan, incluso, en el bar donde unos y otros siguen tomando cañas al final de cada pleno. Comparten espacio, pero sin ni siquiera cruzarse: unos, en la terraza, se debaten entre cómo compaginar la reestructuración del grupo parlamentario autonómico mientras su líder se prepara para la batalla nacional; otros, en la barra, bromean sobre la curiosa escena sin mover ni un ápice su opinión sobre quien en su día iba a ser su propio cabeza de lista.

En el centro de las izquierdas, Gabilondo pelea con lo suyo. El portavoz del PSOE batalla contra los rumores de quienes intentan apartarle de la política activa y ya le dan, a sus 70 años, por jubilado. "Fuego amigo", consideran diputados socialistas que, frente a quienes arremeten contra el número uno de su lista por ser un independiente sin carné de partido que, además, ha perdido las elecciones dos veces [esta última las ganó pero no pudo gobernar al no sumar más escaños que las tres derechas], valoran la calidad de su líder. "Si se va, será para crecer", consideran fuentes cercanas a él que no lo ven abandonando a sus votantes -como ha hecho Errejón, en su opinión-  salvo si es por hacer un bien mayor como sería, dicen, retomar su puesto de ministro.

Así las cosas, los únicos que viven tranquilos en la Asamblea son los 12 diputados de Vox. Ellos, con su discurso propio, se afanan por marcar la agenda política, mantener su mensaje en el prime time de la información televisiva y forzar que el resto de partidos se posicionen alrededor de su ideología. "Pican siempre y ellos solitos se retratan", presumen algunos de ellos. 

 No temen la vuelta a las urnas porque consideran su campaña hecha gracias a la situación en Cataluña y la irrupción de Más País, que consideran que les beneficiará al "dividir, aun más, a la izquierda". En Madrid, además, cuentan con un as bajo la manga: la llave de unos presupuestos que podrán tumbar -o no- debilitando, aun más, al Gobierno de Ayuso y Aguado.