Opinión
10N: Nuestra responsabilidad, su fracaso
Por Hugo Martínez-Abarca
La diversidad no se gestiona como una riqueza sino como un obstáculo que sólo resuelve una guerra de religión que lleva a la hoguera al hereje. Y no para compartir gobierno, sino para vigilarle

El pasado 28 de abril los españoles (y muy especialmente los españoles progresistas) fuimos a votar en masa. El resultado fue nítido: una mayoría de españoles logró una alternativa a la amenaza democrática, ética y social que suponía el trío de Colón. Esa alternativa tenía que ser diversa, dada la pluralidad que la conformaba, y tenía que ser flexible, dado que miles de ciudadanos votamos anteponiendo la emergencia democrática real a cualquier diferencia, por importante que fuera, con la candidatura a la que votáramos. La noche del 28 de abril la mayoría progresista de España se acostó aliviada dando por hecha la conformación de un gobierno progresista complejo ante el que la única duda era si los independentistas catalanes serían capaces de apartar sus enormes diferencias, fundamentalmente con el PSOE, y entender que para Cataluña era tan o más urgente evitar el gobierno del fanatismo que conformarían este PP reaznarizado, Vox y este Ciudadanos entregado a la derecha más furibunda.

Lo que hemos vivido desde el 28 de abril hasta la aparentemente ruptura definitiva de negociaciones el pasado martes ha sido un bochorno tras otro. Mientras los españoles votamos pensando en palabras como "Democracia", "Libertades", "Derechos"... los dirigentes del PSOE y Unidas Podemos se han centrado en el "relato". Se han usado las propuestas políticas como excusa sin apenas disimular que lo importante era el reparto de cargos, la expectativa de conseguir un puñado de escaños más o la hipótesis de que si se estiraba la cuerda sería el otro quien la soltara antes de que se rompiera. 

Tanto Sánchez como la dirección de Podemos vienen desde hace tiempo haciendo política partiendo de una dicotomía: se negocia para vencer al otro, sólo sabe victoria o derrota

Tanto Pedro Sánchez como la dirección de Podemos vienen desde hace tiempo haciendo política partiendo de una dicotomía absoluta: se negocia para vencer al otro (sólo cabe victoria o derrota), la diversidad no se gestiona como una riqueza que obliga a la complejidad y a la fraternidad sino como un obstáculo que se resuelve con una suerte de guerra de religión que obliga a llevar a la hoguera al hereje, traidor, enemigo con el que uno no puede llegar a acuerdos para compartir gobierno sino para vigilarlo o para neutralizarlo: para derrotarlo.

No hay relato que arregle una evidencia: las direcciones del PSOE y de Unidas Podemos, cada una, han fracasado estrepitosamente y así deberían reconocerlo con humildad y pidiendo disculpas a la ciudadanía que el 28 de abril confió en ellas. El fracaso es de ambas, ambas podían haber desatascado la investidura en julio o en septiembre, ambas han antepuesto de forma imperdonable intereses privados de partido a los intereses (muy graves) del país. 

La pelea por el relato sirve para intentar rascar unos escaños al otro en la repetición de las elecciones. Pero quien pierde indiscutiblemente por este fracaso es la ciudadanía: las mujeres, los trabajadores, las personas LGTB+, los inmigrantes, las personas que pagan impuestos y no quieren que los gestionen ladrones, los catalanes (y todos los españoles) que quieren una solución razonable para el conflicto catalán, o simplemente las personas que queremos respirar aire limpio y combatir la emergencia climática... Somos millones los amenazados por un gobierno fanatizado sin complejos del PP-Ciudadanos-Vox y no hay relato que compense la gravísima irresponsabilidad histórica del fracaso compartido.

 Quienes cumplimos nuestra tarea el 28 de abril nos sentimos frustrados mientras quienes han fracasado estrepitosa e irresponsablemente están plenamente satisfechas con su actitud estos meses 

Se extiende una enorme frustración ciudadana que probablemente explote el día en que la repetición electoral sea vista definitivamente como inevitable. Pero, mientras, falta por aparecer el menor atisbo de reconocimiento y de disculpas por quienes han fracasado en la gestión de nuestros votos, de nuestra confianza en ellos. Aparentemente las direcciones del PSOE y de Unidas Podemos no tienen nada de qué arrepentirse: la culpa es del otro y punto. 

Quienes cumplimos nuestra tarea el 28 de abril nos sentimos frustrados mientras quienes han fracasado estrepitosa e irresponsablemente están plenamente satisfechas con su actitud estos meses. De creer en ellos tendríamos que pensar que, si tenemos la suerte de que el 10 de noviembre vuelva a ser imposible un gobierno del tripartito de Colón, las direcciones del PSOE y de Unidas Podemos volverán a hacer exactamente lo mismo que en estos cinco meses.

Ocurre que la amenaza sigue siendo real: la alternativa a un gobierno progresista es un gobierno de un partido estructuralmente corrupto, condicionado por la extrema derecha con la que nadie en Europa acepta gobernar pero en España sí y por un partido como Ciudadanos tan escorado a la derecha que sus propios fundadores van huyendo en bandada. Son quienes niegan la violencia machista y el cambio climático, quienes llaman totalitarios al movimiento LGTB, quienes llegan a los ayuntamientos censurando a quienes no piensan como ellos, usando los gobiernos para colocar a los fieles que no fueron elegidos por los ciudadanos y quienes quieren volver a aplicar las recetas económicas del recorte de derechos sociales para beneficiar a las grandes fortunas, quienes desmantelan las medidas para tener un aire limpio: lo que estamos viendo en los Ayuntamientos y Comunidades donde gobiernan juntos PP, Ciudadanos y Vox.

El 28 de abril los ciudadanos fuimos conscientes de esa amenaza y seguimos siéndolo, lo que ocurre es que hemos constatado que los partidos a los que entonces votamos o mentían al hablar de esa amenaza en campaña o han decidido que es mucho más importante el reparto de ministerios que conseguir que España (los españoles) avance hacia el futuro en vez de retroceder décadas.

Las razones para votar en masa el 28 de abril siguen vigentes el 10 de noviembre; pero caminamos hacia el 10 de noviembre huérfanos porque quienes tenían que haber afrontado la responsabilidad histórica se han concedido el capricho de supeditarla a cuestiones radicalmente secundarias. La enorme frustración de la ciudadanía progresista puede llevar a una abstención que entregue el gobierno al tripartito de Colón. Porque a día de hoy no hay ninguna razón para pensar que si el 10 de noviembre volvemos a estar a la altura como votantes, el 11 de noviembre las mismas direcciones de los mismos partidos no volverán a usar nuestros votos para repetir este mismo bochorno.